El Silencio de Poseidon

 

Diego Latorre, 2000. Pasteles sobre papel. 32×24.

  Me encanta pintar con pasteles, y con otras técnicas. Para mí, es la que mas une al artista con el papel, el soporte de su obra. Porque no hay barreras ni herramientas entre la mente, las manos y el abismo en blanco de la lámina.

  Me fundo directamente en los colores vivos que la gama de pasteles me ofrece. Siento en mi piel la textura de la lámina y se escucha el suave sonido que provocan mis dedos al deslizarse por ella, en medio del silencio de la noche. Sólo de vez en cuando lo estropea todo el ruido de unas motos que incordian a todo el vecindario en la plaza que hay al lado mismo del Castillo Comte Sicart, que tengo enfrente de los bajos del bloque donde vivo, en Vilaseca.  Donde me he criado, en su campo,  falto ya de flores por el cemento.Y entre sus calles medievales. Donde de crío recorrí todos y cada uno de sus rincones

  Ya estoy impregnado de pigmento puro y duro, sin más. Mis dedos se deslizan por el papel, buscando puertas y salidas hacia la ciudad de la imaginación.

  Surge de los océanos la figura de un Dios, o al menos eso me parece. Que no puede hablar, respirar, ni solucionar ninguno de los problemas de su mundo. Tampoco puede amar, ni vivir nuestra realidad, ni nada.

  Para librar del mal a los mortales del reino de Poseidón, en vez de su omnipotencia tendría que haber surgido de las aguas, las gentes que de verdad existen, ¡sencillas y honestas! Que cambiasen el respeto, la paz, la tolerancia y el Amor por toda la lamentable farsa que interpretan los que gobiernan en esta nuestra madre tierra. Cada vez más dolida y más herida.

  Los colores vivos de la obra calman a mis bestias del pasado, al niño que chilla en la calle y a mi cabezota que no logra concebir el sueño.

   Ahora por la calle se escucha cantar “el Asturias de los borrachos”, en la lejanía. Y el sonido de tacones lejanos que se acercan, se cruzan con mis oídos y se alejan. Suerte que los gamberros de las motos se han ido a dormir.

  Firmo la obra, me lavo las manos y miro el reloj de la cocina, es muy tarde. Pongo una canción en mi equipo de música con el volumen muy bajo. Seguidamente me voy a mi habitación, contento por cambiar al menos esta noche mi mundo. Porque cambiar el mundo con mayúsculas no es trabajo de una noche, ni de una persona. Aunque voy a soñar por que todos juntos lo cambiemos. Para ir a mejor. Para lograr amarnos entre todos de una vez por todas. Sin más odios, sin dioses, ni religiones, ni banderas, ni fronteras…

  Apago la luz de mi habitación, se acaba la canción. Dejo de soñar y me pongo a dormir.

Good night World!!!

Diego Latorre,   Enero   2000

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