Huellas en el Universo

 

Diego Latorre, 1990. Papel Maché y acrílica sobre tela. 100×81.

  Ya me siento un poco mejor, después de ver las malas noticias de siempre por la televisión. La verdad es que me enciendo muy fácilmente con las injusticias que nosotros mismos nos buscamos. No me siento orgulloso en absoluto de ser un ser humano. Tendría que haber nacido planta, el más asqueroso de los insectos, cualquier otro animal o  simplemente una piedra. Al menos respetaría la vida y estaría en equilibrio y armonía con la naturaleza. No provocaría daños irreparables en nuestro entorno, nuestra Tierra, nuestra propia casa. ¿Que será de nosotros en el siglo veintiuno al ritmo que llevamos?

  Es injusto dominarlo todo y arrasar con las últimas flores que surgen en las aceras. Contaminadas por nuestra insensatez, por nuestra “evolución”. ¿Es que nadie nos va a parar los pies?

  Sería feliz si al menos fuéramos castigados, aunque sólo fuera una gran riña. Que alguien nos gritara al oído lo sucios e injustos que somos con todo lo que nos rodea y con nosotros mismos.

  Pero dejo este tema, porque ya he dicho que me encontraba mejor. He superado el odio que tengo a mi mismo. Ya que soy cómplice de las guerras, del hambre y de la destrucción de nuestro preciado planeta Tierra

   Este mes he cumplido diecinueve años y me gustaría ir a alguna escuela de arte para aprender nuevas técnicas. Aunque me tendré que esperar un año porque en noviembre empiezo a mi pesar, el Servicio  Militar. Me gusta considerarme autodidacta, ya que nadie me ha enseñado ningún truco ni ninguna magia para crear mis cuadros.

  Pongo toda mi obra creada en fila desde el año mil novecientos ochenta y cinco hasta hoy. Ha llovido mucho desde entonces, aunque tengo incluso dibujos mucho más antiguos. Navego solo en mi barca por las aguas del mundo del arte desde que era un niño.

   Sitúo el lienzo en blanco detrás del último cuadro de la fila, en el suelo. Preparo una pasta con papel maché mezclado con acrílicos. Pinto un fondo en forma de universo y restriego el potingue ya listo por algunas zonas del lienzo, para dar textura a la obra. Me descalzo e impregno mis manos y mis pies con pintura, dejando todo el suelo hecho una pifia. Estampo mis huellas sobre este universo imaginario, como si fuera la primera vez que se haya hecho en la historia de la humanidad. Al más antiguo estilo cavernícola. De hecho poca diferencia hay entre aquellos humanos de palos, piedras, sangre y nosotros. Dudo mucho que hayamos evolucionado, si a caso a peor. Pero no me quiero enojar más, no es bueno para mi enfermedad.

  Pero a pesar de todo, soy una persona muy optimista, me gusta imaginar y soñar en un futuro cercano mejor, sin la maldad humana que corroa las entrañas de la Tierra, sin guerras. Pronto el mundo dará un giro de ciento ochenta grados para concienciarnos y empezar a rectificar. Para respirar de nuevo aire sano. Para poder beber de los ríos el agua pura y cristalina. Tal vez en diez, quince o veinte años, por la cuenta que nos trae. Ojalá que lluevan nuevas flores y frutos de esperanzas. Para empaparnos del Amor y el respeto que tendríamos que tener hacia la naturaleza, hacia nosotros mismos.

  ¡¡ Dulces Sueños !!

Diego Latorre        Mayo  1990

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