Grolam

 

Diego Latorre, 2011. Mecafino, látex y pigmentos sobre madera. Diámetro: 98 cm.

  Tendré que inventarme nuevos Dioses, ya que los que existen están siempre: De guasa. Dormidos en los laureles. Levitando por el cielo. Matando por la espalda a Belcebú. Pasando de las tristes movidas de la guerras y los desastres. Muy lejos de nuestras penas y condenas. ¡O no están!.

  Grolam, por ponerle un nombre a mi nueva Diosa, verdaderamente llora cada noche por todos los problemas de este mundo y le sobran las razones. No sabe rezar pero tampoco le hace falta, porque con su lluvia empapa y cura la tierra seca, herida. Con su agua apaga el humo de las fábricas y la humedad hace crecer las esperanzas de las últimas flores del planeta. Chancho, un nuevo Dios-gato que acabo de inventarme, ayuda con el Amor, a Grolam. Potente arma que puede con todo y eficaz como el fuego de la chimenea contra este frío invierno que cala todos y cada uno de mis huesos.

  Lástima que mis Dioses no surjan de la obra y no puedan ejercer con sus poderes el cambio que le hace falta a nuestra casa, a la Tierra. Con lo guapetona que es y la tenemos descuidada. Tendríamos que quererla y mimarla cada día, para que le resurja su sonrisa, sus colores, su pureza. Para ponerla guapa como se merece para que mueran de envidia, la luna, Marte y todas las estrellas.

Diego Latorre Febrero 2011

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