Peluche Herido

   

    

Diego Latorre, 2012. Técnica mixta. Altura: 48, ancho máximo: 30.

  Querido Doctor, mientras ordenaba pequeñas ramas de laurel sobre una madera cubierta de yeso, haciendo caso a mi consciencia, mis ojos se disparaban al país de los dos deseos, viendo el blanco-nieve del relleno de un viejo cojín. Éste circulaba por mi estudio, sin saber muy bien porqué, desde hacía varios años. Firmé Ramitas de Laurel, mi primer deseo cumplido. Traicione de nuevo a mi pintura, cambié de armas, de método, de materiales, la escultura se apoderó de mi.

  Una cafetera vieja se me ofreció como base para la figura, la rellené de yeso y le hinqué un palo de madera para empezar a crear la estructura. Unos alambres en forma de araña, que pertenecían a una  lámpara antigua, teóricamente la tenía que arreglar, me fueron de muerte para crear la base del busto de mi nueva obra. Unos botes de plástico de detergente líquido, tuvieron algún que otro problema con la cuchilla afilada de mi cutex, se convirtieron en un abrir y cerrar de ojos, en la forma de la cabeza. Le pegué la nariz, hecha con  varias cuñas de madera que utilizo para tensar mis telas. Envolví con la blanca fibra del cojín toda la estructura y con un cordel fui adaptando  los materiales entre si. Luego pedí permiso a la Musa, no se asuste, para poder arrancarle los ojos con unas tijeras a un pequeño peluche, con forma de conejo que rondaba por casa.

  Se los pegué en la cara de la obra, Peluche Herido, mi segundo deseo, y luego, con pinzas pequeñas de colores,  ametrallé a la escultura por todo el cuerpo. Si ésta  sintiera, gritaría seguro, por eso no le he puesto boca.

  Doctor, siento mucho que en la realidad existan infinidad de peluches heridos, con boca, sin nada que decir y todo por gritar, por luchar. No me vasta con manifestaciones consentidas por el gobierno , pido al mundo un cambio brusco, por un mundo justo, digno, que todos tengamos, al menos, dos platos de alimento a diario, agua y un techo donde refugiarse del frío. Donde no falte trabajo, sin necesidad de ser víctimas de codiciosos banqueros y políticos corruptos. Un mundo sin las malditas guerras. Un mundo donde en cada maceta con tierra seca, que algunos tienen por cabeza, florezca el amor hacia nuestra madre Tierra. Pido a todo el planeta, pacíficamente, sin armas, ¡¡la revolución!!.

P.D: Nos vemos pronto, ya tengo hora para los análisis. Saludos.

Diego Latorre Abril  2012

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