Comedor Social

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Diego Latorre, 2013. Caobina y blanco de Titánio sobre lona.

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  Querido Doctor, nadie merece sentir en la piel la vida del personaje de mi nueva obra, pero como en todas las dictaduras, siempre hay víctimas y ésta vez le ha tocado a él, otra vez, el banco o Merkel dirá.

  Me pierdo borracho de caobina en un mundo figurativo, como siempre, para luchar por un mundo mejor, llevando por bandera el amor y el respeto para el que lo merece. Está claro que con esos ideales nunca podría formar parte de éste gobierno, pero me gusta soñar y mirar hacia delante, con optimismo, no queda otro remedio.

  La sala está llena de almas que buscan cobijo y alimento. El personaje principal ha acabado con el pescado y mira al pasado cercano, cuando era dueño de una pequeña empresa de construcción. Se endeudó al comprar un adosado en la costa dorada, el banco se lo puso fácil y firmó. Todo iba de perlas hasta que un día su empresa quebró, no podía pagar sus deudas porque después del paro, no encontró otro trabajo y el banco lo dejó en la calle. Ahora se dedica a mendigar, esperando que un día cambie el rumbo de su triste vida. Y así están muchos de los que aparecen en la sala, otros son  vagamundos profesionales, de los de toda la vida. Víctimas de un  gobierno fascista, injusto, terrorífico y macabro para todos, ellos tan sólo piden agua y pan y extienden la mano, en vez de sacar los dientes y alzar el puño. Que suerte tiene Rajoy y su cuadrilla, de tener un pueblo más digno y permisivo que ellos, en otros países ya les habrían dado una patada en el culo. A pesar de robárnoslo todo, siempre salen ilesos de sus fechorías, menudos zorros. Aunque a mí siempre me han dicho que el que la hace la paga, sólo es cuestión de tiempo, eso espero. Lo que ya está claro es que Rajoy quedará  en la historia de la democracia española, como el peor presidente y para el pueblo permanecerá en su memoria, como el más rastrero, ladrón y mentiroso, por no seguir escribiendo. Pero eso a él le es igual, tan solo piensa en el poder y en su dinero negro, por lo visto le importa un bledo los sentimientos de su pueblo.

  El señor Martinez, personaje principal de la obra, sueña y piensa que siempre le acompaña un ángel de la guarda, la mayoría de los humanos se agarran a la religión cuando no saben que hacer, no les queda otra. Pero el ángel pasa de el, se queda de brazos cruzados, demasiados problemas que resolver en la mente, desquiciada por el poder, de una víctima más en la sala del comedor social. Un nuevo pobre ha surgido y ahora es uno más, entre muchos, que ha dejado de vivir, de soñar, de luchar…

P.D: La técnica no es hiperrealista pero por desgracia el tema si. Saludos.

Diego Latorre, Marzo 2013.

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