Dibujos en el Hospital, I. Visita de Miguel Tarazaga

visita de Miguel Tarazaga blog

Diego Latorre, 1991. Lápices de color sobre papel.

Querido Doctor,

  No logro entender al ser humano, no logro entenderme. Quisiera saber porqué existen las guerras, porqué amo a la luna, a Emi o a las estrellas, porqué gobiernan los necios en todo el planeta, porqué sufrí todas las tormentas…

  Cuando creé este dibujo, hacía una semana que habitaba, como Pedro por su casa, en el Hospital Psiquiátrico Militar de Barcelona. Como usted sabe, me ingresaron por salirme de la raya de la realidad , cumpliendo en ese momento con la patria en el cuartel militar de Alcantara 10, en la ciudad de Melilla. De allí me trasladaron a la ciudad condal. Pinté cientos de dibujos, las puntas de los lápices parecían de mantequilla. Son obras sencillas, infantiles, son el resultado de unas ganas inmensas de trabajar en mi oficio y unas dosis, para caballos, de Haroperidol, que hacía que se me quitaran de cuajo, para calmar mi euforia. Recuerdo que con unas insignificantes gotitas de aquel potingue, hacían, a parte de estar todo el día flipado, que se me cayera la baba, me costara hablar y que me olvidara de mi realidad. Pero intentaba, por todos los medios, captar aquellas vivencias con mis lápices, aunque no tuviera todas mis fuerzas para trabajar como quisiera. Doy la misma importancia a estos dibujos que al resto de mi obras, es más, les tengo un cariño especial. Pronto publicaré mas dibujos del Hospital, para algo aquel aprendiz de pintor del segundo pabellón, los creó.

  Situación, estaba tumbado en la cama, con una buena dosis de medicamento, como siempre. Tenía los lápices en la mano y un papel siempre disponible. Mi amigo, Miguel Tarazaga, mas que amigo, un hermano, ya que compartíamos rancho y litera en Alcantara 10, me hizo una visita que recuerdo agradable. Creo recordar, que no coordinaba en ése momento lo suficiente para hablar con la lógica y decidí captar el momento, dibujando. Yo, tumbado en la cama, con mis colores y mi amigo en el asiento. Decidí regalárselo, cosa extraña, porque por entonces no soltaba prenda, incluso hubo enfermos que querían comprar y ni por asomo lo permitía, para mi, eran extremadamente valiosos. Él, lo guardó con esmero, yo, ni me acordaba de la obra, después de veintitrés años, cómo iba a hacerlo. Gracias a las redes, después de tanto tiempo, nos hemos reencontrado y he podido rescatar la imagen de la obra. Desde aquí le envío a Miguel un fuerte a abrazo y le doy un millón de gracias, porque admiro a las personas, que por mucho que pase la vida, nunca te olvidan.

P.D: Doctor, la amistad es una de las mejores medicinas.

Diego Latorre, Julio 2014.

2 Replies to “Dibujos en el Hospital, I. Visita de Miguel Tarazaga”

  1. Parafraseando al MAESTRO Diego Latorre, MAESTRO en negrita y con mayúscula, porque lo es y lo escribo desde la más estricta objetividad.

    “Querido Doctor,

    La vida es cruel como ella misma, casi siempre te quita más que lo que te da, aunque a mí en estos momentos me acaba de dar, o más bien, devolver.

    Diego le ha escrito decenas de cartas explicando su historia y sus opiniones, sus opiniones son suyas y de nadie más, aunque yo las comparta casi todas, pero su historia es real y ocurrió tal y cómo la cuenta, ya que, yo tuve el placer y la desgracia de vivirla. Si, bien digo, el placer y la desgracia, porqué estuve allí con él cuando le ocurrió su primera crisis, estuve con él en el momento en que pude ir a verle, antes fue imposible porqué estaba acabando de cumplir mi deber con la Patria, pero en cuanto acabé el Servicio Militar, o sea, La puta Mili, fui a verle.

    Tal y como cuenta en esta entrada del blog, su situación era bastante crítica, en el sentido de encontrarme con mi compañero de fatigas, de barrigazos, de correrías, de confidencias, de risas, de muchas horas escuchando al otro gran maestro, Joaquín Sabina, en un estado casi catatónico producido por las putas drogas que le administraban para tenerlo calmado, fue algo durillo ese día, y los posteriores debido al recuerdo, luego poco a poco se me pasó el shock. A los pocos meses recibió el alta y pude pasar un gran día con él, parecía como si no le hubiese pasado nada, pero “la cosa” estaba allí, latente, esperando un despiste para asestarle otro zarpazo.

    El caso es que el día a día fue haciendo que nuestros caminos fuesen poco a poco divergiendo, hasta perder el contacto, y han sido muchos años los que hemos estado a oscuras el uno del otro. Aunque intenté encontrarlo no pude, lo he tenido siempre en mi recuerdo, tengo fotos en las que salimos en buenos y no tan buenos momentos, y guardé con mucho cariño el dibujo al cual hace referencia esta entrada del blog.

    Pero ¡ah!, caprichos del destino y de la tecnología, nos hemos vuelto a reencontrar, la mala noticia es que estamos a más de 900 Km de distancia, aunque espero poder verle y abrazarle en breve.

    Acabo esta carta deseando toda la suerte del mundo a mi compañero de pasadas fatigas, que la vida le respete al máximo junto a sus seres queridos, y que le permita ser descubierto y valorado masivamente por sus capacidades artísticas, porque se lo merece.

    P.D.: Amistad es partir con la confianza de saber que en el tiempo y en la distancia los amigos no mueren, ni se olvidan………..

    Hasta siempre.
    Un amigo.
    Miguel Tarazaga.

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