Noche de Febrero

Querido Doctor,

  Hoy le voy a escribir sin obra de acompañamiento, esta noche no quiero mezclar las palabras con pigmento. Sólo trato de esperar el momento en el que se apodere de mí el sueño, he tenido un día ajetreado y no logro concebirlo. Subo al taller, aparto los botes de pintura de encima de la mesa de trabajo y poso un folio sobre ésta. Cojo un lápiz HB, lo que tenía más a mano y me he puesto a ejercer a mi manera el noble arte de la escritura.

  Doctor, la revolución sigue su curso, el pastel no se lo comerán sólo dos. Los verdaderos ladrones están fuera de la cárcel y los pocos que entran duran demasiado poco, con dinero no hay justicia. El gobierno trata de atrapar, sin éxito, la fina arena del poder que escapa entre sus manos. Mientras, el pueblo duerme la siesta, excepto algunos que bien despiertos ya están en pié de guerra.

  Podríamos cambiar el mundo a mejor, si quisiéramos, sólo es proponérselo, es tan fácil como tener ese objetivo claro y luchar por él. Tenemos que tener esa actitud, es la única manera de conseguirlo. Dicen que el mundo es de los cabezotas, es cuestión de insistir e insistir…, con la mente clara de que lo vamos a conseguir, que todo va a salir bien.

  No queremos más guerras, más violencia, más racismo, más hambre, más contaminación, más caos… queremos la calma, la Paz…Entre todos nosotros no hay ninguna diferencia, tenemos el mismo sabor, estamos igualmente condimentados, la misma pimienta, la misma sal, embutidos en la misma tripa y nos cura el mismo aire, el mismo sol. Todos somos gotas de barro, nuestros pensamientos básicamente son los mismos, queremos un techo, trabajo, un trozo de pan, sanidad, educación, un mundo donde todos vivamos dignamente. Queremos ser felices y nos tienen totalmente acorralados, deciden por nuestras vidas, pero hay que insistir e insistir, hacer al menos lo que esté en nuestro alcance. Lo tenemos fácil, el pueblo es la mayoría y ellos, el atajo de ladrones, en el fondo son cobardes, más bien son ridículos, son unos pobres desgraciados que tendrán que soportar su pena. Hagamos de la utopía una realidad, luchemos por nuestra dignidad, por un mundo con sonrisa, con respeto, con color.

  Doctor, se que pocos harán caso a mis palabras, con el historial medico que me he currado no es fácil que me crean, como mucho me darán la razón. Esta noche tan sólo soy un loco charlatán que hace castillos en la arena y juega con su cometa, soñando, como un niño, junto al mar.

  Bueno, ahora sí, me está entrando la morriña, me voy a dormir, bona nit.

PD: Doctor, si nos lo proponemos, todo es posible. Disfrute de su jubilación.

Diego Latorre, Febrero

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