Descenso

Descenso blog

Diego Latorre, 2015. Polvo de mármol, látex y pigmentos sobre madera. 96×21.

Querido Doctor,

  Sigue pasando el tiempo en Almoster, como un suspiro, los segundos son ráfagas de metralleta, de las de juguete, las de verdad las desprecio porque matan o duelen. Las campanas del pueblo dan las doce de la noche, aún hay gente por la calle, lo escucho mientras trabajo con la música bajita. Llegó el verano.

  Termino la obra, salgo a la terraza, admiro algunas de las vistas nocturnas, cierro los ojos y pido, porque me da la real gana, estos tres deseos:

  Nº1. Deseo que en este país la cosa esté más igualada. Muchos de los que nos manda se sacian a nuestra costa, con caviar, langosta, Montecristo, prostitutas… mientras muchos otros ven morir a su esperanza, viendo que pasan los días y el trabajo no llega, no sale nada de los enchufes, ni de los grifos, ni de la nevera.

  Nº2. Deseo que África quede más cerca, para que veamos con detalle lo que las civilizaciones más “avanzadas” hemos hecho con ella, con sus gentes. En este maldito mundo cruel, los mandatarios permiten que mueran de hambre niños indefensos y se quedan tan anchos. Ya se que a todo se acostumbra uno, llevo viendo imágenes del hambre en África desde que era niño. Pero habrá que abrirles los ojos de una vez a los responsables de la mayor catástrofe que ha cometido el ser humano con sí mismo, ¡porque tenemos la misma sangre!.

  Nº3. Deseo para este país una iglesia privada, como en Francia, los no creyentes no tienen porqué pagar la comunión, la boda, el bautizo… al hijo del vecino católico. Si crees y quieres entregar tu hijo a los brazos del Señor, aunque no lo entienda, hazlo, pero págalo tú. El problema es que se va a la iglesia por tradición, muchos no son creyentes y algunos de ellos son los primeros en maldecir y en blasfemar en contra de Dios. Pero ante todo, ¡que mi niño haga la comunión!, acepto las creencias pero quien quiera cura, que tire de su tarjeta. Francamente, a mí no me gustó mi traje de contralmirante, ni los cubiertos con mis iniciales grabadas, nunca me hicieron gracia las sotanas, el día más feliz de mi vida, ni mucho menos, fue el de mi primera comunión. Realmente no fue necesario todo aquel montaje, a mí no me sirvió de nada, pasé ese día bien porque habían regalos, tenía nueve años y el resto de los niños también. La iglesia ha hecho mucho daño y lo sigue haciendo, cada día hay más casos de abusos, están infectados, hay mucho majara, algunos dan miedo. Yo lo tengo dicho y escrito, cuando muera, que hagan lo que quieran con mis restos, pero por la iglesia no paso, ni muerto.

Abro los ojos, me dirijo al taller, apago las luces, bajo al salón y conecto un rato el televisor para romper el silencio tan atroz. Las noticias del telediario poco aportan de nuevo, me decido a escribir. Termino esta carta, me voy a dormir, Emi espera, bona nit.

P.D: Saludos, doctor Joaquim.

Diego Latorre, Junio 2015

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