Reformas

Diego Latorre, 1996. Acuarela sobre papel. 72×102.

Tomando el Sol

Diego Latorre, 1993. Carboncillo y Pierre Noire sobre papel.50×35.

De Otra Estrella

Diego Latorre, 1996. Acuarela sobre papel. 70×50.

  Querido Doctor, por mucho que quiera no puedo salir de mí, pero me conformo, con mis más y mis menos, no me queda otro remedio.

  Desde aquí, del diminuto ático que he alquilado en Tarragona, observo la Rambla Nova, y a lo lejos, se ven las grúas del puerto y un pedacito de mar.

  Éste verano hace una calor insoportable y por las noches saco el colchón al comedor, con las puertas del balcón y las ventanas abiertas. Con el inconveniente que por las mañanas me despiertan las palomas de la calle, admiro sus gamas de colores, tengo que reconocer que son increíblemente bellas. Con su vuelo me pierdo entre el azul del cielo, y a veces creo que vuelo con ellas.

  Cojo una lámina, y me pongo a pintar una acuarela. Aparece, entre el blanco del papel, una mujer extraña con cabeza de algún animal por reconocer, parece llegada de alguna desconocida estrella. Firmo la obra, apago las velas, saco el colchón al comedor y salgo al balcón a despedirme del día. Las luces de neón de una Tarragona dormida acompañan a una Luna llena, la Rambla está desierta, las palomas se esconden bajo las cornisas y saco la conclusión de que la vida, a pesar de todo, merece la pena.

  Doctor, al menos, ésta noche, me siento libre y con energías de sobras para comerme al mundo con patatas y berenjenas. Sólo creo en mí, con eso ya es suficiente para seguir luchando, para seguir viviendo, para seguir amando.

 

P.D: El jueves le llevaré la acuarela a su consulta, me gustaría que la viera. Saludos.

 

Diego Latorre,   Julio  1996.

Iris y Gallo

Diego Latorre, 1993. Colores a la cera sobre papel. 102×72.

  Querido Doctor, me armo de colores a la cera, y como un niño, me pongo a colorear. Las dos figuras más claras son un iris y un gallo estilizados, el tema siempre es la excusa que utilizo para ponerme a crear y poder vomitar todo mi color. Me pierdo y me confundo entre los colores, cientos de veces, ¡ya no sé dónde va el rojo ni dónde poner el azul!.

  Me centro y logro equilibrar los colores, mientras, la vida pasa, mi vida sigue y el pasado ronda por los pasillos de casa, el frío aliento de la depresión me crea escalofríos en los costados. Cierro rotundamente la puerta de mi habitación-estudio y la ventana.

  Hago un café, lo tomo y me arrodillo de nuevo en el suelo para continuar mi obra. Pulo con los dedos los colores a la cera y mientras,  el Papa no para de dar vueltas por todo el mundo, enseñando con orgullo el anillo sagrado y repartiendo sus bienes, todo lo que el pobre hombre puede, a los pobres. De esa manera nadie se queda sin comer, hoy voy a dormir bien.

  Firmo la obra, me enciendo un cigarrillo y me sirvo otro café, desconecto la música, apago las velas y me voy a la habitación. Me meto en la cama, mi mente de nuevo empieza a crear y pienso en el próximo cuadro, sus formas, su color… Aunque por mucho que quiera, nunca acaba como lo veo tumbado desde la cama de mi habitación. Nunca pinto sobre bocetos, quiero siempre que el resultado final de mis obras me sorprenda. No quiero perder mi capacidad de asombro, no deberíamos de perderla nunca.

  Me levanto de nuevo inquieto y escribo ésta carta para tratar de analizar el día y a mí, apago la luz de la mesita, doy gracias a la vida, porque a pesar de todo, le tengo cariño. Adopto la posición fetal hacia mi derecha y me pongo a rumiar entre dientes pensando en el día de mañana durante media hora. Me giro hacia abajo y por fin logro conciliar el sueño, son las cuatro y media de la madrugada, ¡ya está bien por hoy!. Se cierra la fábrica y se apagan los motores. Bona Nit!

P.D: Doctor, el color es la mejor medicina, aunque no se preocupe, no pienso dejar otra vez el litio. Saludos.

 

Diego Latorre, Noviembre  1993

 

 

Cubos de Basura

Diego Latorre, 1993. Acuarela sobre papel. 95×70 +

  Querido Doctor, he empezado las clases de arte como me aconsejaron, entre otras personas, las enfermeras, las monjas y usted, cuando estuve ingresado en el Pabellón B del Hospital Psiquiátrico Militar de Barcelona. Ya han pasado tres años de aquellas vivencias. Combino, más o menos bien, de momento, las clases de pintura con las horas de mi trabajo como fontanero y con los desvaríos propios de mi enfermedad. Aunque acabo exhausto, le pongo muchas ganas y también pinto en casa. Con decirle que ya tengo problemas de espació en el ático de alquiler,  donde vivo desde hace poco.  A parte de ser extremadamente pequeño, no paro de crear y además, no vendo. Pero lo acepto, mi carrera como quien dice acaba de  empezar y aunque pinto desde que era niño, toda esa obra tan sólo tiene un valor sentimental, me queda mucha tela por cortar.

  Mi universo es maravilloso cuando en él reina la ilusión, saboreo intensamente la vida después de batallar y vencer a una cruel depresión.

P.D: Doctor, esta acuarela la pinté en una de mis clases de pintura en la Escuela de Arte de Tarragona, el bodegón en esta ocasión eran unos cubos de basura. Saludos.

Diego Latorre,  Noviembre 1993.

Hombre Bipolar

 

Diego Latorre, 1996. Rotuladores sobre papel. 29×21

  Querido Doctor, me cuesta mucho aceptarme ya que he perdido por completo mi identidad. No se en que tiempo vivo y mis esperanzas de vivir se desvanecen, se funden con un horizonte gris. No encuentro sentido a mi vida y la lluvia negra empapa mi corazón que late por cumplir. Mis sueños se alejan de mi, no tengo ganas de pintar, de nada. No hay nada de luz en mi morada. Odio a la vida, odio vivir.

  Por lo contrario, soy el payaso de mi sonrisa. El epicentro del universo, el único y todopoderoso creador de la vida, del aire, del agua, del fuego… Una euforia desbordante invade todos mis sentidos. Soy extremadamente generoso, con todos, conmigo, gasto todo lo poco que tengo en muy poco tiempo. La soberbia me abruma, me hace perder algún que otro amigo. No como, ni duermo , soy inmortal. Millones de pensamientos se concentran en mi mente, hiperactiva y creadora, que nunca me dejan descansar. Mis obras son mis aliadas para luchar contra los demonios y la oscuridad de mi depresión. Y creo que son el único y verdadero arte de toda la Tierra, de las galaxias, de los planetas, de las estrellas, de mi Universo. Amo eternamente a la vida, la disfruto con todo detalle. Me guio por señales que vienen de otro mundo, multiplico por mil mi capacidad de asombro, “soy eternamente feliz” y miles de cosas más que saltan las barreras de la realidad.

P.D: No logro encontrar el equilibrio, aunque a veces, como hoy, me siento algo bien y sueño con volver a ser el mismo que era antes de mis crisis.

Diego Latorre,  Diciembre  1996

Mujer de Helio

 

Diego Latorre,  1997. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 29×21.

  Miro al espejo y veo en él unas manos fuertes. Se puede apreciar unos dedos castigados por el cobre y por algún que otro martillazo. Unas uñas roídas y una piel deshidratada. También observo un jersey de lana blanco tocando a una piel, manchado de silicona y decapante. Un pantalón azul de obra con un festival de agujeros, sucio y unas botas destrozadas por el largo kilometraje en el país de mi trabajo.

  Tras el espejo veo en profundidad unos ojos azul tristeza y de una cara surge una frente protuberante. Y un cabello indomable se retuerce en una cabeza voluptuosa.

  Delante del espejo siento un corazón de hierro, gigante, encarcelado, palpitante.

  Y en la absurda espera una mente inquieta y soñadora permanece en la búsqueda del Amor.

  Huyo de mi reflejo y me dirijo a mi habitación. Me deshago del disfraz de fontanero, introduzco un CD en el equipo y me pongo a dibujar, ¡ Ya soy el Rey!.

  En un rincón sigue flotando contra el techo una mujer de helio, que insiste diariamente en decir que algún día se cumplirán mis sueños.

P.D: No me haga caso doctor, lo que pasa es que llevo viviendo mucho tiempo solo.

Diego Latorre 1997

El Corazón Inquieto del Perro

El Corazón inquieto del Perro blog

Diego Latorre, 1997. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 70×50. Vendido

Tengo el corazón inquieto y rabioso. Ando, corro, vuelo y me arrastro dejando un surco por el suelo. Muere la serpiente y canto rancheras de amor y salsa cubana. Subo y bajo de nuevo al valle de las tinieblas de Dioses injustos borrachos de ron, de cuentos que no acaban, de la risa estúpida, de mi desamor. Y en equilibrio soy el mediocre pintor de monas y laureles, sin musas ni pinceles. Donde está la inspiración?

Y en el silencio de las musas protegidas e inaccesibles de piel de cera se reunen para decirme no.

Surge de nuevo la luz  y el color, dibujo el corazón inquieto de un perro, se abre la jaula y se descorcha el tapón. Me refugio en mi dibujo, ya me siento mejor.

Diego Latorre,  Junio  1997

Amor Platónico

 

 

Diego Latorre, 1994. Látex y pigmentos sobre papel. Diámetro: 80 cm. Vendido

 

   Después, una vez que lo había olvidado todo, empecé a actuar como si todo comenzara de nuevo en mi vida. Y un pequeño rayo de luz entró en la oscura habitación de mi morada y me hizo verlo todo más claro. Mis sueños y obsesiones se convirtieron en un periódico amarillento y enmugrecido por el paso del tiempo. Un tiempo que también desgastaba mi cuerpo, mis sólidas columnas y mi pelo. Los relojes nunca pararon su tic-tac y los amigos nunca me dejaron de visitar. Día tras día confié mis fuerzas al poder sobrenatural de la Vida.

  De nuevo volví a soñar y en mi sueño, una bandada de cuervos rojos sobrevolaba por  mi calle. Los ladridos de los perros ya no me resultan monótonos porque ahora son lobos que aúllan a mi Luna.

   Mi Luna nunca está enferma, aunque tiene cicatrices en forma de círculos y su color es un azul tristón. Es fuerte como cuando yo era niño y llegaba a casa con las rodillas desolladas, con sangre, por haber jugado en la tierra, entre pinchos y zarzas, un dolor sin  importancia, cosas de niño…

   Ahora todo está en calma y la pasión tan punzante que sentía es solo un suave pellizco que me hace sentir bien, solamente bien. Trataré de controlar mi obsesión por esos ojos. Deseo sus manos y no las  puedo alcanzar y eso me hace mucho daño.

    Un cuervo rojo se me acercó para recordarme que yo era un ciudadano más, un observador en la noche y que mis sueños por ella tan sólo se podían convertir en un amor platónico.

Diego Latorre     Julio   1994

 

 

En el olvido

Diego Latorre, 1995. Pierre Noire, pasteles y lápices de color. Vendido

 

La música tranquila es ahora mi consuelo, viejos discos que suavizan los problemas del trabajo, la tristeza, mi soledad y  todo lo demás. El fuego del sol se ha ocultado en la lejanía y es también sosiego de mi alma o lo que tenga, si es que tengo algo. Pero nada me pone del todo feliz, ni tan si quiera normal.

Mi vida hoy ha sido un cuchillo punzante y un zumo de almendras amargas, mis colores no han servido esta noche como refugio. Quizás tan solo sea un día amargo, una noche con pena de perro rabioso, una mala noticia con flores de plástico y un triste rostro de mujer en el olvido que dibuje antes de escribir.

Diego Latorre         Marzo de 1995