Noches de Locura

Diego Latorre, 1998. Blanco de España, látex y pigmentos sobre tela. 73×60 +-

 Querido Doctor, mientras José Saramago recibe el Premio Nobel de literatura y estalla la segunda guerra del Congo, mi vida deambula entre bastidores y psiquiatras, y mi espera por el amor me desespera.

  Mis noches son un sin fin de pastillas de todos los colores, el día, agridulce, turbio por el medicamento. Los malos sueños, incluso despierto, siempre me persiguen. El tiempo es un castillo de arena y mis ojos eufóricos delatan el derroche de energía. Mi mente es un bombardeo de pensamientos que no me dejan descansar. Mi única lucha es con mi enfermedad, con mi olvido y mi pena cuando estoy depresivo. Mis lágrimas se secaron, se convirtieron en sal y en mi cabeza se cuece la Tercera Guerra mundial.

  Mi pintura es una válvula de escape a rienda suelta, el color es la sangre de mis ideas. Mis pies me llevan a caminos jamás vistos por el hombre cuerdo y mis huesos deambulan sin rumbo sobre un mundo confuso, desconocido, donde siempre pierdo la identidad.

  Pero eso sí, hay momentos en que los cuerdos pagarían por sentir lo que siento, estoy seguro. Mi mente, a veces, es el verdadero paraíso donde no existe el dolor, ni la muerte, ni el tiempo y mi capacidad de asombro es como la de un bebé, todo está por descubrir, empezando por mí, por el agua, la tierra, las estrellas… Mis ojos ven la magia, la belleza  en las cosas sencillas, pequeñas y me convierto en un gran observador que no pierde detalle de la joya más hermosa que poseemos, la vida.

PD: Gracias por estar ahí, saludos.

Diego Latorre,  noche de cordura de 1998.

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El Perro que me Persigue

Diego Latorre 1999. Látex y pigmentos sobre madera. 40×40.

  Querido Doctor, hace mucho frío y el perro que siempre me persigue no me deja crecer, ni subir al mundo de la calma, al deseado país de la cordura, ¡no me deja hacer nada!.

 Es muy tarde para el mundo y muy temprano para mi, cojo los pinceles mientras casi todas las personas se van a dormir. Me basto con mis colores y reino, sin protocolo, sobre el inmenso mundo de la imaginación, allí donde no existen más problemas que los que conlleva el oficio de pintor, si se le puede llamar oficio a trabajar por amor al arte. Tendría que haberme hecho psiquiatra, como usted, o psicólogo, eso sí tiene futuro, porque la verdad, y yo he vivido en los dos lados, hay más locos fuera que dentro. Y los que tendrían que estar dentro son los que nos gobiernan, hay que joderse, ¿no es para volverse loco?.

  Firmo la obra, me lavo las manos, la contemplo y me voy a la cama, tengo ganas de dormir. Mientras, sale el sol y la gente despierta, el mundo de los cuerdos sigue su rumbo dejándome en el olvido con mi locura, con mi dolor, con mi color.

P.D: Nos vemos en primavera. Saludos.

Diego Latorre Febrero  1999

Buscando a Dulcinea

Diego Latorre, 1998. Óleo sobre madera. 36×26.

  Querido Doctor, mientras mi Quijote busca desesperadamente, como un loco, a Dulcinea, por los agujeritos de mi persiana entran miles de rayos de luz que me hacen despertar y ponerme de nuevo en órbita para crear una nueva obra.

  Es Domingo y no se escucha a nadie por la calle, desde mi taller, mi hogar. Estoy, como casi siempre solo, eso y mi enfermedad a veces me hace creer ser el epicentro del universo. Una euforia controlada fluye por mis venas, mi enfermedad contraataca sin muchas fuerzas, ahora soy fuerte y la domino pintando, esta crisis no es tan fiera.

  Sueño con ser El Quijote, en parte tenemos cierto parecido, se me va la chaveta y dejo de ser lo que era, como el y me da por luchar contra amores imposibles, como el de el por Dulcinea.

  Decido pintar al óleo sobre un pequeño trozo de madera, el aceite va empapando, poco a poco, la angustia de mi desamor, de mi espera. Mis barreras son los molinos, sus aspas giran por un viento enfurecido que viene con ganas de guerra. Termino el cuadro, apago la luz y enciendo una vela. Sueño con encontrar el amor, deseo y pido al mundo, respeto y paz en toda la Tierra.

P.D: Es muy fácil, si nos lo proponemos, la vida en este planeta podría ser, ¡para todos!, digna y bella. Saludos

Diego Latorre, Marzo  1998.

Querido Doctor:

Diego Latorre, 1998. Lápiz, látex y pigmento sobre bastidor. 30×24.

  Querido Doctor, después de una dura jornada laboral, como electricista-fontanero, quedan pocas ganas de trabajar como un supuesto artista. Pero a pesar de todo me voy a manchar las manos de pintura.

  Dibujo a lápiz dos figuras humanas por el revés de un lienzo, pero me desagradan. Luego utilizo el cuadro como carta, dirigiéndome como casi siempre, a usted, empezando a escribir, Querido Doctor:,por la parte izquierda superior. Vierto sobre el resultado, el rojo, con la única intención de tapar lo que había creado anteriormente. Dejo de pintar y ¡no pienso firmar!, esto no es una obra, ¡tan solo es un garabato!. Aunque ha servido, un poco, para desfogarme de la depresión que me produce mi trabajo por mi inadaptación a causa de mi enfermedad. Y además ha empezado el otoño, estación favorita de mis crisis eufóricas y depresivas. Hoy simplemente y solamente he pintado por pintar, no tengo realmente, muchos ánimos, sólo quiero descansar, me iré a dormir, dejo de crear.

  Siento defraudarle con esta prueba, aunque tal como está el arte contemporáneo, seguro que si  la cuelgo, firmada como Pollock o como Picasso, furtivamente en las paredes de la Tate Gallery o en la feria de Arco, más de un célebre crítico y más de algún prestigioso galerista, harían como que entienden  y le dedicarían unos cuantos elogios y muchos párrafos.

P.D: Gracias por su atención, si la hubo, aunque espero que lea estas cartas algún día, seguro que es el único que pueda soportarlo. Saludos.

Diego Latorre,   Septiembre 1995.

Sólo Yo

Diego Latorre, 1998. Látex y pigmentos sobre madera.62×45

  Querido Doctor, mi futuro es incierto, el pasado y mi presente llenan de colores fríos la jaula donde habita mi hombre lluvia, mi mente. La atmósfera que se respira esta noche en mi Taller se podría cortar a cuchillo, el aire congela las pequeñas agujas que tengo clavadas en mi espalda y en mis cicatrices. De los árboles de la calle no se escuchan sus aves de paso, ni tampoco oigo tacones lejanos de ninguna bella Dama, tan sólo el reloj de la cocina y su tic-tac, lo demás es duro silencio. Además, no hay estrellas en el universo, por momentos creo que no existo, creo que estoy muerto.

  Enciendo el equipo de música, las notas, la melodía y un estribillo cambian mi estado de ánimo y nutren mis sentidos, me empujan a crear otra obra más, sin críticos, ni prestigiosos galeristas, sin público, sin clero, sin Dios. Pinto, primero a pincel y luego con una gubia, lo que tengo más a mano, un autorretrato. Mientras lucho en la obra me olvido de todas mis cadenas y las rompo, firmo en la madera, sueño, disfruto, duermo.

 P.D: Doctor, como cambia la película cuando el color gana la batalla al olvido y a mi enfermedad. Saludos.

Diego Latorre, Diciembre   1998

Hombre Estrés

 

Diego Latorre, 1998. Blanco de España, látex y pigmentos. 105×85. Vendido

  Querido Doctor, se ha cocido en una olla un mal potaje, con ingredientes tan desoladores como: un cuarto de kilo de desamor, litro y medio de mi enfermedad bipolar y un kilo doscientos gramos de estrés que generan las prisas, las tensiones de mi trabajo y esta vida acelerada que casi todos padecemos.

  Mientras hierve a fuego lento el brebaje, desaparece mi calma, mi paz y a grandes pasos crecen mis problemas, entonces aparece mi “Hombre Estrés”.

  Con mi obra trato de poner colorante a este potingue, que ni tan siquiera comerían los perros, con mi paleta de colores, remediadora de todos mis males, aunque sólo sea por momentos.

 Son las tres y media de la madrugada y el imperio del silencio lo invade todo. Tan solo oigo el roce de mi pincel sobre el lienzo y mi respiración estresante y acelerada, que poco a poco va menguando su intensidad a medida que avanza la obra y me voy relajando por momentos. Ahora tengo todas mis armas con las que luchar contra mi discordia y mis lamentos.

  Por fin venzo al mal, o eso creo, al menos por esta noche nadie podrá arrebatar mi paz. Mañana otro gallo cantará, cuando me levante temprano para ir a trabajar como un preso, haciendo más horas que un reloj por un miserable sueldo. O cuando cuente las pastillas que me he de tomar, para hacerme recordar que soy un enfermo o cuando mire al espejo y tan sólo vea en el, once kilos y medio de soledad para aumentar más aún el peso de mis tormentos.

P.D: Doctor, no se cuanto tiempo así voy a aguantar sin explotar. ¡Necesito ayuda!

Diego Latorre,  Enero del 1998.

Cobijo en la Tierra

 

Diego Latorre, 1999. Blanco de España, látex y pigmentos sobre madera. 95×70. Vendido

 

   Busco refugio, una mano que se extienda, el abrazo de los amigos y el consentimiento de las musas. Deseo que se congele de una santa vez el tic-tac de los malditos relojes.

    Mi  Tierra está enferma, esta hasta el moño de que le pinchen y jueguen con ella. Esta noche es la única que me da cobijo. Me habla de batallas que ha pasado por su piel, de desastres sin marcha atrás. Tiene celos porque hemos estado en la  Luna y ahora estamos empeñados en buscar vida en el puñetero de Marte.

   Ella es buena, nos da semillas que se transforman en frutos que surgen de  su tierra cada vez menos fértil. Me dice que detesta el cemento y el asfalto que impiden brotar la vida que surge de sus entrañas. Y aun así Ama profundamente a los humanos, cualquier madre haría lo mismo por sus hijos.

   Me cuenta que ella era el Paraíso y que la estamos cagando.

Diego Latorre   Enero 1999

Tiempos de Euforia

Diego Latorre, 1998. Bastidor, tela, papel, esponja y óleo sobre madera, 120×120. Vendido

 

   Esta noche Dios no manda, ni pide ni quita ni da ni nada. No es nadie ni de todos ni flor ni misil. No va a misa de doce, no puede entrar ni salir.  Dios es:

   .  El sonido de las chicharras de los pocos campos que quedan  en mi pueblo.

   .  Un conejo de esponja en una bolsa.

   .  Una bombilla que se enciende sin tensión.

   .  El sonido de mi guitarra.

   .  El rojo pasión.

   .  Una silla que espera con peces en el mar.

   .  El perro que siempre me persigue.

   .  Euforia que se cuela por las rejillas de las ventanas de mi habitación.

   .  Una Luna  que chilla atrapada en óleo de color amarillo eufórico limón.

   .  Un bastidor viejo y uno torcido con mensajes de felicidad plena.

   .  Clavos, tornillos, sudor, madera y un caracol.

   Esta noche puedo demostrar que existe mi Dios, porque lo he vivido, lo he firmado  y matado. He manchando mis manos de rojo con el. Creo que hay pocos Dioses que puedan demostrar que existen. El mio es una realidad, mi realidad.

Diego Latorre       Agosto   1998

4º Primera

 

Diego Latorre, 1998. Látex y pigmentos sobre lona, 150×150. Vendido

   Vivo en mi mundo:

   En mi mundo hay :  Tristeza, guerras, desesperación, espera, sueños por un tubo, alegría, euforia, desalientos, escaleras hasta el cuarto primera, depresión, subidas, bajadas, más subidas y más bajadas, muerte, nacimiento, vida, bombilla encendida, desamor, más tristeza, iluminación, oscuridad, Dios, complejos, comidas de cabeza, indignación, contaminación, enfermedad, el Diablo, dolor, placer, tabaco, un ratón, una cama fría, un buen brandy, mucho café, el despertador, paz, contradicción y sobre todo mi pintura.

 

Diego Latorre,   Julio  1998

Con Botas y Pirañas

Con Botas y Pirañas,blog

Diego Latorre, 1999. Blanco de España, látex y pigmentos sobre lona. 146×114. Vendido

Camino sobre una cuerda floja manteniendo el equilibrio, con unas viejas botas de cuero negro. Sin importarme el vacío que hay debajo y el fondo del río. De lejos se ven las pirañas devorándose entre ellas con un hambre feroz. Pero no le doy importancia porque estoy seguro de mi mismo y no pienso caerme. Las pirañas son los señores del dinero, las guerras y los conflictos de este mundo loco que cada vez gira a más velocidad provocándonos mareos, estrés, depresiones, nauseas… Cada vez tienen mas trabajo lo psicólogos y psiquiatras, cada vez hay mas ríos contaminados de los desechos de las fábricas. El mundo está enfermo porque lo gobierna el maldito dinero y los ojos que lo ven pero que no quieren mirar a otros ojos con problemas, personas que no poseen nada. No quieren mirar a los que piden a gritos la libertad, a los que amamos a la Tierra…

Me despisto, mis botas resbalan y caigo en picado a toda leche hacia el río.¡¡¡ Me van a devorar esas malditas pirañas!!! Congelo la imagen del sueño en el cuadro antes de llegar al agua, por suerte me he despertado a tiempo. Firmo la obra. Sueño, río, y canto una canción pegadiza de Kiko Veneno.

Diego Latorre    Julio 1999