Duda

Diego Latorre, 2000. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 66×27+-

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Vistas de Alcover

Diego Latorre, 1998. Carboncillo y Pierre Noire sobre papel. 32×45.

Imperfección

Diego Latorre, 1999. Látex y pigmento sobre papel. 42×89.

  Querido Doctor, cada día, como cada una de mis obras, es un nuevo reto, una nueva vida, nuevos sueños… Y a la espera del amor, continuo con mi fracaso y la Tierra sigue su recorrido alrededor del sol.

  Me siento bien a pesar de vivir más solo que la Luna, hace tiempo que aprendí a cocinar, a ser autosuficiente, a creer en  mi… Eso me ha hecho fuerte, grande, poderoso y aunque aún no se realmente quién soy, empiezo a conocerme.

  Mi trabajo en la empresa de mantenimiento de Salou, me trae por la calle de la amargura, apaga por momentos mis fuerzas. Pero no me puedo quejar mucho, sólo tiene que mirar a los ojos y a las bocas del continente que tenemos abajo o a cualquiera que no tenga trabajo. Mientras estoy en mi jornada laboral, cambio algún flexo de algún calentador,  arreglo una nevera o me lío con las persianas rotas del comedor, pienso en mis pinceles, en mi color.

  Llego por fin a mi piso-taller, en Vilaseca, sobre las doce de la noche, ya que esta semana tengo guardia y además llevo el móvil que apenas me deja dormir. Al igual que los disgustos que me ha hecho pasar un propietario arrogante y mal educado del apartamento trescientos doce bis, algunos creen que los trabajadores somos animales y además no nos dejan trabajar a gusto.

  Me preparo unas sardinas a la plancha, me las como, cambio la ropa azul por mi bata manchada de todos los colores y me pongo a pintar. Sobre un papel creo mi rostro en rojo, éste lo estampo contra otro y este último contra el tercero. Aunque sean elementos repetitivos, no hay ninguno igual, como los días que tiene el Tiempo. Mis obras, al igual que el ser humano, son imperfectas.

Creo que cada Artista y todos los humanos somos genuinos por virtud o por defecto, nuestros fallos nos definen al igual que nuestras virtudes. Jackson Pollock, por ejemplo, basa su obra en un error que se convirtió en su virtud, unas manchas fortuitas que cayeron de su bote de pintura sobre la tela, le sorprendieron e investigó sobre éstas. Tanto que ese estilo marcó su carrera y hasta a mí me salpicó. Para mí, Pollock fué uno de los grandes genios del siglo XX, aunque el pobre sufría la misma enfermedad que yo. También lo pasó mal y además sustituyó el litio, desconocido en aquella época, por el alcohol.

En definitiva no creo en la perfección y aunque hay gente que se creen perfectos, sinceramente pienso que provienen de algún error.

  Discúlpeme, ha sonado el móvil, dejo de contarle mis pensamientos, son las tres y media de la madrugada y he de marchar a trabajar, ¡a ver quién coño es ahora!, ¡no me dejan descansar!, ¡¡ya voy!!.

P.D: Saludos y gracias por estar siempre ahí.

Diego Latorre,  Agosto 1999.

Fábrica Rota

Diego Latorre, 1998. Pasteles y carboncillo sobre papel. 50×70.

  Querido Doctor, mi fábrica hace que la ciudad donde está situada, vaya todo al revés, debe de estar estropeada, hace ruidos raros, el humo que vomita limpia todo el cielo contaminado por la mano del “hombre moderno”, no se que botón he pulsado porque ha dejado de contaminar. Todos los habitantes, incluso los gobernantes de la ciudad luchan por un mundo limpio, digno, que contrariedad. No luchan en las guerras, no hay diferencia de clases y nadie tiene porque aguantar malos tratos porque no existe la violencia, me voy a volver loco para arreglar esta desgracia, tendría que revisar ¡todos los tornillos!, esto no funciona como debería. La honestidad de los ciudadanos la tienen como bandera, los más honestos son los elegidos para gobernar, todo lo contrario a la dulce realidad, donde se ponga Aznar, nuestro presidente actual, que se quite toda esta locura que he montado y todo lo demás, donde va a parar, esto lo tengo que arreglar. El amor, a pesar de ser una ciudad gris, ahora es la patria de todos los que huyen de un mal pasado o de los que aman por amar sin pedir nada a cambio, el amor lo es todo para uno y cada uno de sus ciudadanos. Y ahora por lo visto debe haberse calentado el tercer motor de arranque de mi fábrica, seguro que se han quemado las bobinas  porque huele a chamusquina y esto ha afectado a todas las personas, ya que ahora el dichoso respeto es la esencia que hace posible el funcionamiento, correcto y justo, de todo el colectivo de personas que habitan en esta ciudad. Mi fábrica ¡¡ha perdido el control por completo!!, ¡¡ha explotado la válvula de seguridad!!, ya no puede gobernar. ¡Menudo lio que he armado! por mi culpa el mundo ha encontrado la paz, ¡¡me van a degollar¡¡, mañana seguro que salgo por los telediarios, me moriré de vergüenza, soy el único responsable, no lo podré soportar, ¡¡me van a crucificar!!.

P.D: Doctor, tengo mucho cuento, no me haga caso, aunque eso supondría quitarle el trabajo. Saludos.

Diego Latorre,  Agosto  1998.

Vuelo Alto

Diego Latorre, 1998. Pasteles y rotulador sobre papel. 29×42.

  Querido doctor, mientras vuelo alto observo en el mundo: las montañas, el mar, la ciudad, las fábricas y la noche. Y en la noche, sueño por cambiarlo todo, quiero gobernar la ciudad, no quiero humos podridos por la avaricia, deseo curar mi mundo, si no lo hago enfermaré aún más.

P.D: Nos veremos en otoño, saludos.

Diego Latorre,  Agosto 1998.

El Silencio de Poseidon

 

Diego Latorre, 2000. Pasteles sobre papel. 32×24.

  Me encanta pintar con pasteles, y con otras técnicas. Para mí, es la que mas une al artista con el papel, el soporte de su obra. Porque no hay barreras ni herramientas entre la mente, las manos y el abismo en blanco de la lámina.

  Me fundo directamente en los colores vivos que la gama de pasteles me ofrece. Siento en mi piel la textura de la lámina y se escucha el suave sonido que provocan mis dedos al deslizarse por ella, en medio del silencio de la noche. Sólo de vez en cuando lo estropea todo el ruido de unas motos que incordian a todo el vecindario en la plaza que hay al lado mismo del Castillo Comte Sicart, que tengo enfrente de los bajos del bloque donde vivo, en Vilaseca.  Donde me he criado, en su campo,  falto ya de flores por el cemento.Y entre sus calles medievales. Donde de crío recorrí todos y cada uno de sus rincones

  Ya estoy impregnado de pigmento puro y duro, sin más. Mis dedos se deslizan por el papel, buscando puertas y salidas hacia la ciudad de la imaginación.

  Surge de los océanos la figura de un Dios, o al menos eso me parece. Que no puede hablar, respirar, ni solucionar ninguno de los problemas de su mundo. Tampoco puede amar, ni vivir nuestra realidad, ni nada.

  Para librar del mal a los mortales del reino de Poseidón, en vez de su omnipotencia tendría que haber surgido de las aguas, las gentes que de verdad existen, ¡sencillas y honestas! Que cambiasen el respeto, la paz, la tolerancia y el Amor por toda la lamentable farsa que interpretan los que gobiernan en esta nuestra madre tierra. Cada vez más dolida y más herida.

  Los colores vivos de la obra calman a mis bestias del pasado, al niño que chilla en la calle y a mi cabezota que no logra concebir el sueño.

   Ahora por la calle se escucha cantar “el Asturias de los borrachos”, en la lejanía. Y el sonido de tacones lejanos que se acercan, se cruzan con mis oídos y se alejan. Suerte que los gamberros de las motos se han ido a dormir.

  Firmo la obra, me lavo las manos y miro el reloj de la cocina, es muy tarde. Pongo una canción en mi equipo de música con el volumen muy bajo. Seguidamente me voy a mi habitación, contento por cambiar al menos esta noche mi mundo. Porque cambiar el mundo con mayúsculas no es trabajo de una noche, ni de una persona. Aunque voy a soñar por que todos juntos lo cambiemos. Para ir a mejor. Para lograr amarnos entre todos de una vez por todas. Sin más odios, sin dioses, ni religiones, ni banderas, ni fronteras…

  Apago la luz de mi habitación, se acaba la canción. Dejo de soñar y me pongo a dormir.

Good night World!!!

Diego Latorre,   Enero   2000

Mujer Onírica

Diego Latorre, 1998. Pasteles y Pierre Noire sobre papel.

Otra vez, después de otro gran desamor vuelvo a mis pasteles. Mancho mis dedos, mis manos y mis brazos con los colores que suavizan el dolor que provocan las agujas que llevo  adentro. Necesito ejes, cojinetes y ruedas para poder deslizarme y rodar sin atascos por la ciudad de mis sentimientos. Aunque con el corazón partido lo veo muy difícil. La mujer de mis sueños sigue presente en mi cabeza y sólo la puedo materializar en este triste dibujo que no huele, ni existe, ni besa, ni nada. Los magos no sacan cien palomas de la chistera, es un simple truco y yo ni tan siquiera domino bien el arte de la magia para poder extraer de mis sueños su pelo y su sonrisa. Aunque creo en las ilusiones. Pero no hay peor dolor para un corazón que un desamor, aunque hoy he superado otro más sin llegar a mi enfermedad, que ya es mucho. Aunque reconozco que todavía me duele un poco el pecho izquierdo. Pero estoy contento, al menos no he perdido el equilibrio, no pido más.

He ido a las montañas, he paseado con mi pensamiento, dando patadas a las piedras, sin rumbo fijo y me he perdido entre la niebla. Me he encontrado y de nuevo he vuelto a amar a la vida y a mi persona. Voy a seguir luchando con lo que me vaya dando este loco mundo. Supongo que algún día cercano me visitara la felicidad y se despedirá de mí la ausencia del lado derecho de mi cama. Algún día mi soledad y yo celebraremos nuestra despedida con fuegos artificiales. Con fresas y risas. Con un buen priorato y mi pintura. Sin más lamentos, sin rencor. Quedando como amigos, de buen royo.

Se apaga la luz de la vela, firmo la obra y la rocío con fijador. La admiro, apago las luces de mi estudio y me voy a la piltra conmigo mismo que ya es muy tarde. Espero dormir con los angelitos. ¡ Buenas noches!, good night!, bona nit!.

Diego Latorre,     Agosto 1998