Paseo en el Mar

Diego Latorre, 2011. Tinta y Caobina sobre papel. 30×35

Víctima

Diego Latorre, 2011. Tinta y acuarela sobre papel. 46×32.

 

Mente Abatida

Diego Latorre, 2011. Caobina y Pierre Noire sobre papel. 60×40.

  Querido Doctor, ésta crisis eufórica que le voy a contar fue una de las más duras, por el agotamiento físico, con experiencias “místicas” y con un crudo invierno que calaba todos y cada uno de mis huesos.

  Se apoderó de mí, a  mis veintitrés años, una descomunal y desbordante euforia que me hizo ver de forma progresiva, el mundo al revés y  en ese mundo tenía todo el poder en mis manos, en mi mente. Era simplemente un gran creador de pensamientos que bombardeaba mi propia razón.

  Eran aproximadamente las dos de la madrugada, abrí la puerta de mi piso, tiré todas mis llaves al pasillo, incluso las del coche, salí de nuevo, cerré de un portazo y bajé las escaleras de cuatro en cuatro, enérgicamente hasta llegar al rellano del portal, tomé aliento.

  Me dejé llevar por mi instinto y por una fuerza misteriosa que ya conocía de crisis anteriores, que mandaba, de no se donde, señales que orientaban mi brújula oxidada y rota. Salí de Tarragona, sin rumbo, por la autovía a Salou, con unos zapatos nuevos de un número menos, sin calcetines, con pantalón tejano y una americana gris. Los coches me cegaban con las largas y hacia mucho frió y viento. Mis pasos me llevaron a la Pineda, había recorrido unos quince kilómetros, recordé que allí tenía un amigo y me plante en su puerta  sobre las cuatro y media de esa noche inacabable.

  Nadie abrió y mis pasos cambiaron rumbo a la cala del cabo de Salou, lugar donde creé la obra UN TIEMPO, meses más tarde. Me dirigí hacia el rumor de las olas y entre las rocas encontré una especie de boya y le puedo asegurar que tenía forma de bomba, no le faltaba ni la mecha, era una cuerda vieja y desgastada que salía de la parte superior. Unos pasos mas adelante encontré un trozo de alambre grueso y oxidado, doblado en una simple forma de pez. Entendí las señales perfectamente o eso creía por entonces, aquella boya vieja de plástico era la guerra y aquel pez fue Jesús, pensé por primera vez que podría ser yo un nuevo mesías para luchar contra el mal contemporáneo, el poder que tenía sobre todas las cosas no lo podía sentir  ningún otro mortal, alguien muy importante pensaba que era y era consciente que vivía en otra realidad, era el único superviviente de ésta.

  Lancé los objetos al agua y me puse a escalar por las grandes rocas franqueando unos acantilados sin saber muy bien lo que hacía. Las olas rompían en las rocas y salpicaban mi ropa, realmente la hazaña fue peligrosa y más en aquellas circunstancias, pero mi mente era mil doscientas veces mas fuerte que mi cuerpo, no tenía miedo a nada y menos a la muerte.

  Llegue a un monte, tomé aliento, me senté debajo de un pino esperando nuevas señales, posé mi espalda en el árbol y con el leve movimiento, una paloma torcaz, que dormía en una rama, emprendió el vuelo asustada en medio del silencio. La señal era obvia, ¡el Espíritu Santo!, cada vez lo tenía mas claro.

  Mis pasos me encaminaron, sobre las cinco y media de la noche inolvidable, justo enfrente de la Ermita de la Pineda, en un terreno arado, de tierra seca y agrietada. Me descalcé y abrí los brazos hacia arriba, canalizando toda la energía del cosmos para hacer fértil aquel suelo con mis pies. Eso pensaba, aunque en el fondo era una forma de descargar mi euforia de alguna manera. Estuve sembrando todo el terreno sobre una hora, me puse los zapatos con apuros, los pies no los quise ni mirar. Amanecí en la carretera y después del largo camino, llegué a Vilaseca, por inercia, ya que era el pueblo de mis padres y por varias señales que me indicaron el final de mi sendero. Había recorrido aproximadamente treinta kilómetros por autovías y carreteras secundarias cuando me planté en la puerta del piso de mis padres, eran las nueve y media. Se abre la puerta y voy corriendo, sin besos y sin saludar, a la cama, me quito los zapatos, me tumbo extasiado y pongo los brazos en cruz. Seguidamente oigo llorar a mi madre y  todo lo vi más claro  aún cuando me miré los pies, estaban llenos de llagas, ¡sangrado!, y cuando vi la postura de mis brazos llegue a pensar convencido que mi madre era la Virgen y que yo era mismísimo ¡Cristo Santo!, seguidamente mi mente cayó abatida en el colchón.

  Esa misma mañana fue cuando me llevaron urgentemente a su consulta. Mi mente fue fusilada por mi trastorno que dejó huella en el archivo de mi memoria, me alegro de poder contarle esta historia que nunca nadie creería, me alegro mucho por no ser el verdadero Mesías.

  Doctor, para mí que Jesús fue bipolar,  es lo más creíble. El milagro del pan y del vino ya no se lo cree nadie. El pobre hombre es posible que tuviera, como yo, una enfermedad mental con una gran capacidad de convicción, como la tenia yo, se lo puedo asegurar, es algo normal en esta enfermedad. No pretendo ofender a nadie tan sólo es una opinión, que todo ésto quede entre usted  y yo.

P.D: Pasó el tiempo y ahora me alegro de ser lo que soy y a pesar de todo lo cruel, celebro haber sido  lo grande que fui esa noche. Aunque no sabía todavía todo lo que me esperaba más adelante. Saludos.

Diego Latorre  Noviembre  2011

Esencia de Musa

Diego Latorre 2011. Caobina, látex y pigmento sobre papel. 70×50.

  Querido Doctor, no quiero estar en la piel de un banquero rastrero que deja a la gente sin esperanzas, sin techo y sin dinero, ni ser el asesino de sus ojos cuando derramo bruscamente el color. Tampoco quiero ser un quirófano público cerrado por recorte de la Generalitat, con un paciente en la puerta, con una grave enfermedad del corazón. No quiero vivir dentro del traje de un alto mando militar con infinidad de medallas, que restriega al pueblo su patriotismo y su honor, sin reconocer que que en el fondo le gusta las guerras, crear terror. Odiaría ser un político sin ideas, con la única intención de calentar con su hermoso culo, su sillón. Sin tratar de librarnos a todos de esta crisis, sin buscar alguna salida, tratando sólo de tirar piedrecitas a la cabeza de su rival, como un niño, con la única ansiedad que en las urnas salga su color, sin tratar de hallar alguna solución. Antes moriría a ser la santa mano que bendice a los pobres, con un radiante anillo en el dedo, me irritaría tener una vida de lujos y un papa móvil, viviendo mejor al mismísimo Dios. Con tanta miseria que hay en el mundo, ¿a qué esperan?, ¿a un milagro? ¿dónde está la mitad de su pan?, ¡hay mucha gente que muere de hambre!, ¿donde está el cristianismo y su caridad?,¿dónde está el Amor al prójimo?. Lo que tengo claro es que en el Vaticano, y no en el cielo, se vive mejor.

  Aún recuerdo, cuando ella y yo empezábamos a conocernos, su música en mi habitación, la ropa que dejaba tendida en el tejado de mi razón. Huelo el recuerdo de su perfume que invadía mi taller, el comedor, el recibidor… Entró de golpe en mi vida cuando estaba perdido en la lluvia, en mi universo interior, me libró de las tormentas y me secó, poniendo mis huesos, mi piel y mi cara junto al sol.

  Entre todas las mujeres, para mi, es ¡la mejor!. Aunque a ella también la veo feliz, la vida está en sus ojos, quizás supe llenar con mi lluvia el pozo que quitó la sed de su amor. Supe pintar la luna cuando la deseaba, hizo  bien los deberes al igual que yo.

  Entre rojos y verdes envuelvo con delicadeza su esencia, en una lámina de papel en blanco, convirtiéndola otra vez en mi música, mi vida, mi color.

P.D: Doctor, ojalá que un día la avaricia se convierta en semillas de esperanza por un mundo mejor, saludos.

Diego Latorre, Octubre  2011.

Máquina de pensar

Diego Latorre, 2011. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 50×50

  Querido Doctor, tengo en la cabeza infinidad de pensamientos que bombardean con colores el fondo de una lámina y de ella brotan imágenes, recuerdos, sueños que surgen de mi realidad, de mi pasado, de la imaginación, mi país, mi casa.

  La carpeta número ciento treinta y ocho del archivo dieciséis de la memoria de mi pasado, se abrió por casualidad y el recuerdo dejó plasmado un dibujo, una cara dentro de otra mas grande. Un estado de ánimo que guardé en mi ordenador más personal, de los peores momentos de mis tormentas, de mis calvarios. Para crear y para vivir no soy nadie sin mi pasado.

  Entre la gran cara surge otra mas, de la reina de las musas que cambió por completo mi vida a mejor. A su lado aprendí a perder rápidamente mi orgullo, cuando vivía solo siempre tenía la razón aunque estuviera equivocado. Y además, creo que un hombre aprende a serlo al lado de alguien, siempre es mejor contrastar las ideas, los conocimientos, siempre es mejor amar. En mi soledad era el amo y señor de una casa sin vida, tenía compradas, solo para mi, todas las acciones de mi triste colchón y por las noches, para alegrarme, era el triste payaso de mi sonrisa.

  Me quito el pigmento de los pasteles de las manos, firmo la obra, escribo esta carta y crece la libertad, mi dignidad. Me siento feliz con mi última obra, supongo que a alguien le gustara, trabajo para eso.

P.D: Doctor, poco a poco me voy comprendiendo aunque mi máquina de pensar es tan grande como el universo, me queda mucho que investigar. Saludos.

Diego Latorre,  Agosto 2011.

Gea

Diego Latorre,  2011. Tinta, caobina y acuarela sobre papel. 45×32.

   Querido doctor, Gea está furiosa por lo de siempre, el humano se empeña inútilmente en destruirla. Tiene mas que suficiente poder para borrarnos a todos del mapa, pero se retiene, tan sólo nos enseña en su rostro su gran poder. Sabe que nosotros nos podemos autodestruir y también sabe que ella, que en poco tiempo  se puede regenerar de todo nuestro veneno y buscar su equilibrio, nosotros desapareceremos sin más.

   Gea ama a los humanos porque nos vio crecer y estamos hechos de la misma materia, somos parte de ella, un trocito de su piel. Pero doctor, mi pregunta es, ¿nuestra muerte puede llegar a doler a la  la Tierra?, porque no me gustaría hacerla sufrir, en el fondo soy un sentimental y estoy enamorado de ella.

P:D: No lo puedo evitar si Gea sufre yo sufro con ella. Pero prometo no escribirle más sobre este penoso tema, me duele la boca de decir que estamos equivocados. Saludos

Diego Latorre, Agosto  2011.

Ella y Yo

 

Diego Latorre, 2011. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 50×30

  Querido Doctor, tengo que regar continuamente las plantas de las macetas si no quiero que acaben secas, igual que al amor. Bastante hizo el viento en unirnos, a ella y a mi, como para seguir siendo el responsable y el que lo tenga que mantener.

  Considero que por lo que mas queremos tenemos que luchar porque sigan creciendo las hojas, las ramas, para que se hagan fuertes las raíces. Y podamos recoger las semillas para que se conviertan en fruto, lo más preciado.

  Respecto al amor hacia la Tierra, tendríamos que cuidar sus campos, sus mares y sus montañas, quitarle las malas hierbas, porque parece que  no se la quiera. O dejarse de memeces y dejarla vivir en paz de una santa vez, sin hurgar en sus heridas, pudriendo con veneno, su vida, nuestra vida, la naturaleza.

  Mientras tanto, ella y yo, bailamos al ritmo del sol, pidiéndole a la Luna ¡justicia!, para que nuestro planeta tenga una vida mas pura, mas digna.

P.D: Doctor, ella y yo, a veces somos el mismo cuerpo, la misma mente, la misma persona. Y si no, para eso está la imaginación. Saludos.

 Diego Latorre,  Junio 2011

Días Fértiles

Diego Latorre, 2011. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 50×50. Vendido.

 Querido Doctor, no es otra cosa que mi vida lo que trato continuamente de analizar, con nuevos mundos que habitan entre mi persona y mi bastidor. Y no en mi alma, que por mucho que trato de buscarla nunca la hayo por ningún callejón, por ningún portal, por ninguna escalera… Aunque tampoco creo en  mente y cuerpo por separado, estoy seguro que son la misma cosa, la misma materia.

  Todas las personas, a pesar de nuestras diferencias, ser de Francia o de Grecia, de izquierdas o de derechas, de seguir al Papa o a un Buda persa, vivimos en el mismo planeta. Todos estamos hechos de la primera célula, todos bebemos agua, comemos carne, pescado, hierba…, no hay entre nosotros ninguna diferencia. Tan solo nos distancia el odio que crea todas nuestras guerras.

  Mientras tanto sueño y vuelvo a coger mis pasteles, con el único propósito que pensar solamente en ella. Juntos, unidos en el papel, en una obra, en una sola piel. Y mis manos manchadas son la prueba de mi trabajo que me hace recoger de mi obra, las semillas que luego brotan en mi vida personal.

  Firmo la lámina, la rocío con fijador y me reúno con ella, lejos, mas allá de la estratosfera, justo al lado izquierdo de la última estrella.

P.D: Doctor, solamente creo en el amor, mi filosofía, mi política, mi religión…Saludos.

Diego Latorre,  Mayo  2011.

Muerte Estúpida

Diego Latorre,  2011. Látex y pigmentos sobre papel. 23×254.

  Antes de escribir sobre esta obra, retiro las palabras que comenté en una carta que acompañaba a la obra, “Tierra Abatida”. En ella me quejaba de que los jóvenes no se sentían indignados ante sus injusticias, y ahora digo todo lo contrario. Y también sabíamos que en una pequeña revolución, más de uno iba ha recibir algún mal porrazo. Para darnos cuenta que los perros guardianes del sistema y sus amos, nos pueden llegar a tratar peor que al ganado. No se puede ni tan siquiera estar indignado, y además, que estemos unidos les hace mucho daño, su principal trabajo es tenernos divididos y controlados. Es bueno que el poder sepa que existimos, que sentimos, que pensamos que con tanto mamoneo nos están engañando.

Muerte Estúpida

  Querido Doctor, no creo que la muerte en si sea tan mala como la pintan. Pero si lo es, despedirte de los que te quieren, y aunque más de uno la hemos tenido varias veces como compañera, tampoco deseo ahora tenerla tan cerca.

  Muerte que aparece cuando salta la liebre,  a la vuelta de una esquina, en tumores que  provocan las gigantescas chimeneas o surge entre los cuerpos en las inútiles y crueles guerras.

  Su aliento eclipsa  todos los miedos y aunque forma parte de la vida, todos odiamos dar ese inevitable ultimo paso, quizás es porque tenemos miedo a lo desconocido o amamos demasiado a la vida… cada muerte es única, cada persona es un caso.

  No le tengo temor, porque considero que el que vive con miedo a la muerte, vive con miedo a la vida. Aunque espero que la mía se convierta en “El bichito de mi muerte” y que no me avise por adelantado, quiero vivir intensamente hasta el ultimo momento de mi vida.

  Todos tendríamos que morir dignamente, pero por desgracia no todos lo consiguen, porque hay algunos que provocan a los demás con su odio, su contaminación, su avaricia y sus guerras, la muerte estúpida.

P.D: Doctor, ¡quiero vivir eternamente!, quizás por eso dejo en la Tierra, mi obra,  mi pasado, mi universo, mis huellas. Saludos.

Diego Latorre,  Mayo  2011.

Ciudad Fantasma

 

 

Diego Latorre, 2011. Pierre Noire, carboncillo y pasteles sobre papel. 50×50. Colección Altacapa.

Querido Doctor, no hace falta tener un tercer ojo para adivinar lo que es digno y lo que no merece la pena.

Lo indigno es lo que puede ver a mis espaldas a través de mi dibujo, es una ciudad fantasma en el presente. En ella sólo tratan de sacar   producto a todo y han contaminado hasta el sol para poder sacarle beneficio.

Lo que siento se ve en mis ojos, porque a pesar de todo, amo y me aman, es lo único que merece la pena. El amor es la materia prima de una fábrica que algún día cambiará el rumbo de este Mundo loco.

Diego Latorre, Mayo 2011.

Mientras Pienso

 

Diego Latorre, 2011. Lápices de color sobre papel, 29×21.

  Tengo un olivo plantado en una maceta, sus raíces buscan alimento en las entrañas de la tierra, pero por mucho que lo intenta, no puede crecer más. Su espacio vital está limitado, como nuestras vidas, que están en poder de las finas manos de un puñado de necios con incapacidad de amar. Nos hacen bailar a todos a su son y nos podan como a un bonsai para sacarnos más producto, sin dejarnos crecer, robando el fruto de nuestros brazos, de nuestras piernas, nuestras ramas… O al menos eso parece.

  También tengo un gato siamés del que estoy enamorado, se llama Chancho, tiene los ojos azul ultramar. Aunque estoy convencido que soy yo el que le pertenezco y el también lo sabe.

  Disfruto de unos ojos que siempre me quieren y me lanzo a ciegas a los brazos de mi familia y de mis amigos, que son muchos. Los hice mucho antes de existir Twitter o facebook, creo que tiene muchísimo más mérito. Estoy tranquilo porque no van a permitir que caiga de nuevo al suelo, al abismo, no dejarán que vuelva a mi pequeño destierro.

  No pido grandes cosas que valgan mucho dinero, la verdad, tan sólo Amor y Respeto, lo demás me importa una berenjena y un pimiento. Que Supermán y Ratoncito Perez se encarguen de salvar hoy el planeta, ya que nosotros no podemos, quizás es demasiado tarde, son muchos problemas. Aunque soy optimista, creo en la suerte y en mi magia buena.

  Mientras pienso te dibujo en un papel con lápices de color y me acuerdo de los buenos momentos vividos juntos, de tu piel cuando roza mi piel, de los sueños, nuestros sueños.

  El firmamento se queda pequeño para nosotros y las estrellas heridas brillan con más ganas para nuestros ojos, tan solos tu y yo, perdidos en ¡nuestro Universo!.

Diego Latorre, Abril 2011

Llanto

 

Diego Latorre, 2009. Acuarela y nogalina sobre papel.65×50.

  De sus ojos brotan las lágrimas que a mi se me secaron con el tiempo, de tanto llorar en su momento. Aunque estoy lejos de las tormentas en cualquier momento resucita el muerto de mis euforias, de mis depresiones, de mis lamentos.

  Veo a través de un papel a mi pasado y un pincel invade de acuarela y nogalina su superficie, su piel. Dejándome como en todas mis obras, un recuerdo, una experiencia, un nuevo universo, donde habitan mentes como la mía que buscan casi todas las respuestas entre los colores y los trazos de las obras de arte.

  Subo a la terraza y sigo escribiendo con las últimas luces del día. Pienso en nosotros, en mi familia, en mis amigos y en ti, que en este justo momento observas mi obra a través de este blog y sin saberlo formas parte de ella. Si existe un transmisor tiene que haber un receptor, para mi, la pieza más importante de las creaciones artísticas.

Gracias a todos por echar carbón en la caldera de mi Fabrica de Sueños.

Diego Latorre, Febrero 2009