Terreno en Les Pobles

Diego Latorre, 2009. Óleo sobre tela.                                        A mi Madre.

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Amores Imposibles

 

Diego Latorre,  2010. Técnica Mixta. Altura:

Aquí, al lado del fuego. Ahora, después del paso de los años, recuerdo amores imposibles que pasaron por mi vida triturando en mil pedazos mi  joven corazón.

Era capaz de escalar las montañas más difíciles, sin mirar al abismo, con los ojos vendados, de luchar contra terroríficos dioses, cuerpo a cuerpo, sangre a sangre. Fe ciega que se convertía en obsesión por el maldito desamor  que provocaba en mí, la angustia, la desolación.

Los amores prohibidos anulaban por completo  a otros amores que llamaban a mi puerta blindada. Pero mi mente sólo tenía un canal directo a los ojos de aquellas cumbres, de aquellos amores tan lejanos como la Luna. Amores que tanto padecí y que tanto han marcado por suerte o por desgracia, mi vida artística y personal.

Diego Latorre,  Diciembre  2010

Hombre Duda

 

Diego Latorre, 2010. Técnica mixta sobre D.M. 80×80.

  Envuelto en un mar de dudas. Después de haber creado unas cuantas pruebas  y haberlas destruido sin beneficiarme de ningún fruto a cambio de mí trabajo. Decido desfogar mi ira en un tablero que utilizaba como paleta de muestras.

  Sin normas, a un millón de años luz de los últimos resultados. Lejos de academicismos, de los galeristas, del Papa y de los críticos. Disfrutando del sublime momento que se ha creado exclusivamente para mí. Perdido entre colores sucios,  restregones de pincel sin ningún sentido. Pinceladas tan solo programadas para buscar los tonos de la anterior obra.

  Hombre duda se está creando de un arrebato. En principio no quería pintar nada, tan solo quería refugiarme en las manchas de un tablero de mezclas. Hasta que surge la magia y embrutezco de negro el pincel que tengo mas a mano. La obra se empieza a crear por sí sola, como casi siempre.

  En las pruebas, perdí tiempo y dinero, ya que el precio del material de bellas artes ¡está por las nubes! gasté gran cantidad. Aunque me beneficié de experiencia.

  Nunca sé del todo lo que voy a hacer cuando me sitúo delante de un lienzo en blanco. Pero con estos ensayos al menos he aprendido lo que lo que nunca más haré.

  Firmo la obra, miro cara a cara a mi Hombre duda. Me doy cuenta que soy yo momentos antes de empezar la obra. Cuando buscaba sin rumbo, inseguro, naufragando en los mares de la imaginación. Sin respuestas a millones de mis preguntas, muy lejos de mi felíz estado de ánimo actual. Aunque tan solo a media hora de mis pruebas, mis investigaciones, mis dudas.

Diego Latorre     Octubre  2010

Alex

 

Diego Latorre, 2010. Óleo sobre madera, 52×40.

  Había quedado con Alex en mi casa para hacer unos cafés y comentar el plan para la próxima  salida a Horta de San Joan. Perdernos unos días en la montaña y poder acabar una intervención del Equipo Boc, es decir, el y yo. La habíamos empezado, unas semanas atrás. En las laderas del Cim del Llop, que están justo al lado de Mas Quintet. Un lugar remoto donde durante un tiempo, las pezuñas y el rabo de la bestia de Picasso, rondaron a sus anchas por la magia de su entorno.

  Cuando estábamos arriba, en el taller de mi casa, Alex decidió rodar por primera vez el video de una de mis ejecuciones pictóricas. Con óleo, pincel, madera y mi cámara de móvil.

  Tenía claro que la obra iba a ser un vómito, espontáneo, veloz. Decidí pintar un retrato de Alex, que lo utilicé de modelo mientras rodaba.

  Quería plasmar su estado de ánimo, un poco a mi manera. Aunque ambos nos conocemos desde hace muchos años, por suerte. Toda una ventaja que hacía que la obra se creara sola, con seguridad, con conocimiento. Capté el espíritu oculto, elaborado con la savia de las raíces del arte, el viento y bla, bla, bla…

 

  Si te digo la verdad, el mundo del Arte, como tú  y muchos otros artistas sabemos, es un cuento chino. Decorado con guirnaldas y mentiras agradables. Hablado en multitud de lenguas, de colores, de pinceladas de millones de artistas. Cada loco miente a su manera. En una gran farsa floreada de ideas, que fluyen y luchan para olvidarnos de vez en cuando de la realidad, de nuestra alegría, de nuestra tristeza…

  Nuestras pequeñas patrañas en común se convierten siempre en grandes momentos para nosotros. Otras son desfogues contra las piedras, terapias y risas. Son un buen Priorato, o el dulce  amargo de nuestras cervezas.

  Esto que te cuento, que quede entre nosotros. Aunque no es un crimen mentir, mejor hacerlo que matar, que destruir, que callar…

  Que lo disfrutes o que lo destroces, bien sabes que yo no lo quería pintar. ¡Y  piensa que el próximo te lo cobro!

 

 Dedicado a  Alejandro Domingo, gran amigo y gran artista.

  Diego Latorre,    Sábado,  2 de Octubre del 2010

Siempre a Tu Lado

 

Diego Latorre,  2010. Óleo sobre madera, 65×120.

  No se exactamente lo que el futuro me brindará el día de mañana, quisiera estar siempre a tu lado. Aunque estoy segurísimo de lo que no quiero ser:

  Un político corrupto en Valencia. El ladrón cobarde de los pobres. El director de un banco. Un obispo pederasta. El canto malévolo de una piedra iraní. El hambre sin compasión del hombre africano. Los sueños rotos de un niño explotado en una mina. El agua contaminada por las puñeteras fábricas. El dueño de todo. El asesino de tus sueños.  El aire gris rojizo del cielo envenenado de Tarragona. Las entrañas de una M-70. La huida de los cobardes. La triste ausencia de tu pelo. Un inglés bailando sevillanas. El final del camino. Los ojos cerrados del beato. Un piquete sindicalista, sin ideales. El fracaso de los artistas. Las lágrimas de tus ojos. Una navaja manchada de sangre ajena. La mano absurda que acciona la palanca de la silla eléctrica, en el país de la libertad. El tic-tac de los malditos relojes. La cruel ambición de los necios. Los galones de cualquier teniente coronel. La mitra, el bastón y las joyas de la sencilla y humilde vida del Papa de Roma. El silencio de la venganza. Un artista posmoderno que tan solo busca su triunfo personal. La penúltima copa del borracho. El puño miserable del que maltrata a una mujer. El poder putrefacto del dinero. Bob Dylan arrancándose por soleares. Los ojos mezquinos de los dictadores. El iluso que está convencido que el trocito de tierra donde pone el culo, le pertenece. La envidia hacia el lujo. Sal en tus ojos. La suela del zapato que pisa la cabeza del que está por debajo. Todas las carreteras de asfalto y hormigón. La palmadita en la espalda de un jefe cabrón. La última flor marchita de las aceras. Mi triste y amargo, último adiós…

Diego Latorre,  Septiembre  2010

Te Ofrezco una Sonrisa

 

Diego Latorre,  2010. Óleo sobre madera. 52×40.

  Miro hacia atrás, veo un pasado lleno de alegrías y cicatrices que se han curado con el tiempo. Busco un futuro exactamente igual, no quiero rosas sin espinas. Para eso estoy yo aquí, para luchar contra el viento y la marea. Para abrir las puertas de un mundo optimista, positivo, mejor. Lleno de colores que invaden las casas de los duendes, que habitan en mi mente, en mi vida.

  Vuelo, corro y huyo de mis nubes grises. Cargadas de agua contaminada por el hombre. Que moja mis ojos, mi espalda y mis sentidos. Provocándome malestares, irritaciones.

  Pienso en el día que nos conocimos, cubierto de un manto de flores. En forma de gato gigante, fuerte y lleno de energía, que logró unirnos con sus garras, su ronroneo, sus caricias.

  No busco el equilibrio, me he adaptado a ir de arriba a abajo. Buscando motivación en los dos polos, para crear mis obras.

  Y en mi autorretrato reina una sonrisa entre colores guarros. Enérgicas pinceladas sin fin que escapan de los límites del soporte de la obra.

  Me gustaría sanar las heridas de los que no tienen esperanzas, sueños, nada. Aunque teóricamente, para eso están las marionetas de los que nos gobiernan. Que al parecer, la gran mayoría de ellas tan solo se reúnen para comparar entre si, sus fuerzas, sus inútiles poderes. Luchan con dientes y cuchillos por sus intereses personales. Mostrándonos siempre sus sonrisas estúpidas, que luego son portada en los medios de comunicación. Simulando siempre que trabajan por un mundo mejor.

  Creo que las personas somos como un loro, que habita en lo más alto del mástil de un barco. Cuando empieza a hundirse, el loro ni se inmuta. Incluso ni cuando el barco está medio hundido. Tan solo emprende el vuelo cuando el agua moja sus plumas. Sólo nos acordamos de las desgracias cuando nos tocan directamente a nosotros.

  Nuestro barco es el mundo, que se hunde muy deprisa. Por lo visto, los que estamos en el mástil esperamos a que lo haga del todo. Quizás emprenderemos “el vuelo de loro” y buscaremos soluciones reales, cuando no haya más remedio.

  A pesar de todo, te ofrezco una sonrisa, un millón de colores, mí vida. Mi pincel es el siervo de tus ojos, de tu pelo y de tu piel. Me refugio en tu mirada, en tu vida, en tus dulces sueños de pan y de miel.

 

Diego Latorre,     Septiembre  2010

Con Piés de Gato

 

Diego Latorre,   2010. Óleo sobre madera. 52×40.

  Siempre en mi obra, el tema es la excusa para vomitar el color que llevo en mis adentros sobre el lienzo o cualquier otro tipo de material.

  En este caso, el tema para mí y para mi compañera de viaje es importante. Ya que hablamos de un amiguito que casi siempre está a nuestro lado. Dándonos compañía y viendo juntos la vida pasar con Amor.  Pero con los ojos clavados en las injusticias de este mundo, que nos salpican a todos en la cara, provocándonos malestares, hambre, guerra, muerte…

  Chancho me despierta por las mañanas con sus bigotes y su ronroneo. Con sus ¡buenos días! a base de mimos y caricias que provoca con su hocico.

  No creo en la inspiración, como muchos otros pintores. Pero Chancho, en esta ocasión ha despertado en mí la chispa que me ha hecho crear esta obra. Sin pedírselo, se ha colocado al lado de mi caballete y me ha hablado con sus ojos azul ultramar. Ha posado para mí con serenidad, como el mejor de los modelos. Juraría por el Diablo que es un entendido en Arte, aunque realmente siempre he pensado que nadie entiende.

  Termino de dibujar su figura y automáticamente se levanta. Le abro la puerta del taller y se pierde entre las escaleras. Volviendo de nuevo a la vida de gato casero. Dejándome de regalo una imagen, otra obra, otro sueño.  

Diego Latorre    Septiembre 2010.

Te Regalo una Flor

 

Diego Latorre,   2010.  Óleo sobre madera. 50×41.

  Saco de nuevo mi cuchillo recién afilado, para dar punta a mis pinceles. Para que hagan daño y provoquen malestares, o para que amen y conquisten nuevos corazones.

  Brotan mis colores, vivos y eufóricos. Para luchar de nuevo con mi conciencia, para librarme de mis tormentas, de mis neuras, de mi.

  Huele intensamente a óleo fresco por todo el taller y en el resto mi casa. Vomito todo el mal que tengo dentro de mí, sobre el vacío inmenso de la madera. La obra, poco a poco se fragua entre música y golpes de pincel. Mi pintura de nuevo hace desaparecer todos mis problemas, mis dudas.

  Llueven colores que mojan mi cabeza y entre mis dientes llevo una flor para ti.

  Soy feliz con mi obra, porque me ha resuelto otro enigma. Me ha abierto una pequeña ventana que calma la sed de los que buscan, sin necesidad de encontrar nada.

Diego Latorre,   Septiembre  2010

Ojo en la Tierra

Diego Latorre, 2010. Tierra, caobina, parafina, clavos, látex, silicona y pigmentos sobre madera. 80×80.

Querido Doctor,

  Si  la Tierra tuviera un ojo para ver las injusticias que el hombre “moderno” le provoca,  sería mejor para ella,  tendría una muerte mas digna. Quizás vería por donde va la piedra, de alguna manera u otra, se libraría de algún desastre. Y si no se puede defender, al menos, podría mirar a los ojos de los que no la dejan respirar, a la mirada asesina de los que hurgan en su piel, de los que echan sal en sus heridas…

Diego Latorre,      Julio 2010

Reparman

 

Diego Latorre, 2010. Técnica mixta sobre madera. 55×55

         Veranos en Salou trabajando en mantenimiento,  por los 90

   Quince años trabajando con tornillos, escuadras y atascos. Cisternas, clavos, cadenas, brocas y estaño. Sopletes y neveras, tapones y destornilladores planos. Quince años de cobre, latón y hierro galvanizado. Cables e interruptores, arandelas, pié de rey y el butano. La ropa sucia, rampas en las manos, el mazo, el taladro y el calentador, madre mía que calor.

  Aunque recuerdo con nostalgia aquel tiempo, aquellos compañeros de trabajo y pena. A mis jefes, aunque a veces apretaban demasiado los tornillos y a los extranjeros que se ponían como gambas con nuestro preciado Sol.

Diego Latorre     Mayo del 2010

Escapista

Diego Latorre, 2010. Un muñeco roto, cemento, cartón, látex, nogalina, cadena y clavos sobre madera. 57×50.  Vendido

Ahora eres un muñeco viejo, roto y sin cabeza, amarrado con cadenas, clavos y cemento, para que no te escapes de nuevo. Estas bañado en caobina, locuras y lamentos de antiguas depresiones. Haz el favor de no crear un plan de fuga, aunque te tengo bien cogidito y no pienso mirar atrás donde crujen los truenos de la tormenta. Piensa que te puedo hacer vudú, aunque no quiero hacerte daño. Tan solo quiero que sigas lejos de mi razón. No abandones tu traje gris ni tus zapatos de un número menos que te hacen sangre y yagas en los dedos. Quédate tan solo en un archivo de la memoria de mi pasado. Estoy muy bien en mi presente no te cruces de nuevo en mi vida, ya te logré olvidar, no vuelvas a resucitar. Hombre lluvia que hiciste tantas visitas a mi mente quédate en tu mundo, bastante daño me has hecho ya. El precio que hay que pagar por tu endiosada euforia no está al alcance de mi bolsillo, prefiero ser un ciudadano más, un mochuelo aprendiz de pintor en la noche, con musa, gato artista y una fábrica de sueños.

Ahí te quedas y aunque ya lo has hecho varias veces, no serás capaz de escaparte ni una vez más. Ahora soy fuerte, mi magia buena me protegerá de tu lluvia, tengo cobijo, pinceles, piedras, ropa, pan, besos y sal. No te escaparás.

Diego Latorre,    Mayo del 2010