Rincón de Pensar

Diego Latorre, 2011. Yeso, látex y pigmentos. Diámetro. Vendido

  Querido Doctor, escapo de mi piel, huyo por momentos de mis problemas y me refugio en lo alto de un edificio para pensar.

  Desde aquí se ven las fábricas, los rascacielos, los coches envueltos en ruido, prisas y humo. También hay ojos, miradas ocultas tras las ventanas que también tratan de huir como yo. Y en el horizonte un sol naranja irradia con generosidad, su energía, su calor.

  En mi rincón de pensar trato de analizar todo lo que he hecho de malo y de bueno.

  La espátula graba en el yeso el momento de mi reflexión. Al cabo de un rato me deshago de mi orgullo y me quedo con lo bueno para poder rectificar mis fallos.  No estaría de más que todos fuéramos a algún rincón donde pensar, para poder deshacernos de la maldad, que es el problema de todos y que también perjudica a la Tierra, a la naturaleza. Todo lo que teníamos de puro ahora ya está mezclado con puro veneno.

P.D: Todos tendríamos que estar, de vez en cuando, castigados al rincón de pensar.

Diego Latorre, Abril  2011.

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Camino a la Guerra

 

Diego Latorre, 2011. Yeso, látex y pigmentos sobre madera. Diámetro: 140.

  Cabalga de noche camino a la guerra, a lomos de un animal extraño con manos de hombre, cabeza de caballo nunca vista y lleva majestuosamente una cola de gato. Va armada con un misil y encima de su cabeza posa una maceta con flores de plástico de cementerio.

  Al pasar por la ciudad empieza a celebrar su victoria y se le amplia su sonrisa ya que la Muerte por desgracia siempre gana todas las guerras, que son su campo batalla, su pan, su hogar…

  Lo lamentable y bochornoso es que las guerras las creamos nosotros solos y nuestra dama está encantada por ello. Pero el negocio es el negocio, solamente un F-18 vale aproximadamente cuarenta y un millones de dólares  y la vida de un inocente para algunos no significa absolutamente nada.

  El mundo está en crisis y no lo entiendo porque todos los países van armados hasta las cejas, ¡que no nos falte de “na”!

  ¿No sería mejor comprar con ese dinero pan y agua para bocas hambrientas y labios sedientos?, ¿es mucho pedir?. La verdad es que no lo entiendo y no comprendo como lo permitimos sin mover ni un sólo dedo, y yo el primero.

  Por desgracia los que negocian con la guerra lo viven todo desde el sillón, con un refresco o una copa, frente a la televisión. Desde esa posición no pueden sentir verdaderamente los gritos de angustia de un herido, tampoco pueden oír el macabro estallido real de un misil, ni pueden sentir en sus entrañas la muerte de un hermano, de un amigo o de un hijo.

Diego Latorre, Marzo 2011.

Visita al Pasado

 

Diego Latorre, 2011. Mecafino, látex y pigmentos. Diámetro: 98 cm.

  Vuelo alto, sueño y lucho por seguir con esperanzas por un mundo mejor, más digno.

  Enciendo mi caladora y me pongo a recortar un círculo en una plancha de madera. Le lijo los cantos y lo pinto de blanco. Sobre él, una vez seco, le adhiero una capa gruesa de Mecafino con un azul hecho a base de muchas mezclas. Sobre éste, pinto con las manos el negro y el rojo, con látex y pigmentos. Una vez preparada la obra para dibujar saco el repertorio de espátulas y me pongo con ganas a hurgar entre los colores y las capas.

  Surgen figuras que no me convencen y de un arrebato las destrozo. Entre los restos de lo que queda brota una cara oculta, se deja entrever y la confirmo aún más acentuando los rasgos.

  Con mis pensamientos sobre la obra me acerco a mi pasado. Me cubro con plásticos de aquellas tormentas, le guiño un ojo a mi soledad y al cabo de un rato vuelvo al presente.

  El Mecafino a fraguado, ya está seca la obra, la firmo y la enseño a tus ojos, incapaces de mentir. Y me dicen que te ha sorprendido, que te gusta, que me amas.

Diego Latorre, Febrero 2011

Grolam

 

Diego Latorre, 2011. Mecafino, látex y pigmentos sobre madera. Diámetro: 98 cm.

  Tendré que inventarme nuevos Dioses, ya que los que existen están siempre: De guasa. Dormidos en los laureles. Levitando por el cielo. Matando por la espalda a Belcebú. Pasando de las tristes movidas de la guerras y los desastres. Muy lejos de nuestras penas y condenas. ¡O no están!.

  Grolam, por ponerle un nombre a mi nueva Diosa, verdaderamente llora cada noche por todos los problemas de este mundo y le sobran las razones. No sabe rezar pero tampoco le hace falta, porque con su lluvia empapa y cura la tierra seca, herida. Con su agua apaga el humo de las fábricas y la humedad hace crecer las esperanzas de las últimas flores del planeta. Chancho, un nuevo Dios-gato que acabo de inventarme, ayuda con el Amor, a Grolam. Potente arma que puede con todo y eficaz como el fuego de la chimenea contra este frío invierno que cala todos y cada uno de mis huesos.

  Lástima que mis Dioses no surjan de la obra y no puedan ejercer con sus poderes el cambio que le hace falta a nuestra casa, a la Tierra. Con lo guapetona que es y la tenemos descuidada. Tendríamos que quererla y mimarla cada día, para que le resurja su sonrisa, sus colores, su pureza. Para ponerla guapa como se merece para que mueran de envidia, la luna, Marte y todas las estrellas.

Diego Latorre Febrero 2011

Días de Pesca

 

Diego Latorre, 2011. Mecafino, látex y pigmentos. Diámetro: 118 cm.

  Las palabras me persiguen después de pintar la obra y se convierten en miles de estrellas, miles de deseos.

  Desde mi balcón se escuchan las televisiones de las casas vecinas. Huele a rastrojo quemado en los campos cercanos de mi pueblo. También huele a escudella catalana por las calles, que ayuda a huir de este frío tan intenso.

  A pesar del mal tiempo, me he puesto a investigar con el telescopio que me han regalado por Reyes. La luna esta radiante y llena, tengo que aprovechar esta ocasión, merece la pena.

  ¡No veas que alucine!, puedo recorrer su superficie de una punta a la otra con todo detalle. Se aprecian perfectamente los cráteres y los valles, parece que estoy allí. Es una pasada, me siento grande viendo las estrellas y con la imaginación me voy aún mas lejos.

  Me pierdo en el infinito y vuelvo de nuevo a mi estudio donde tengo la obra fraguándose, el yeso con los pigmentos y con el látex. Aún no está seco el material, la obra sigue fresca y es cuando más me gusta y más me atrapa.

  Una mujer, desnuda y libre surge del mar. Con el único problema que un pequeño pez piraña le va a morder el pié. Eso podría equipararse en la realidad a una buena hipoteca, por ejemplo. Pero a pesar de todo es optimista y luchadora. Pescadora de peces como yo que acabamos atrapados en sus manos, sus dedos, su naturaleza.

Diego Latorre, Enero 2011

Chancho Rey

Diego Latorre, 2011. Mecafino, látex y pigmentos sobre madera. 60×120. Vendido

Huyendo del frío buscaba cobijo de la tormenta y de entre la niebla apareciste tu. Me duché con el agua pura de las cumbres y por el desagüe corrieron mis miedos, la desolación, mi soledad. Se hizo la luz en mi morada y un viento cálido acariciaba levemente mi rostro. La lluvia ya no mojaba mi jersey de lana blanco y la humedad de mi pasado no calaba en mis huesos. ¡Era libre!, encontré el amor.

Y nuestro cuento de pan y pimiento nunca se acabó. Borrachos de atar, protegidos por la Luna, soñamos juntos a ser Dioses. Desde lo más alto se apreciaba la Tierra, abatida, con cicatrices provocadas por el hombre enfermo. Y desde nuestra nube no se veía ni un ángel ni a San Pedro ni a Cristo Santo, no había Dios que moviera un dedo por hacer algo.

Bajamos de nuevo al suelo y los gatos se habían apoderado de las ciudades. Chancho Rey gobernaba nuestro mundo con honestidad, buena educación, respeto, amor… Todo lo contrario a los antiguos gobernantes e inútiles humanos. La Tierra y todas las personas se liberaron de su enfermedad. Gracias a la Revolución de los pequeños felinos logramos ir a mejor. Nadie se merecía el mundo anterior.

Abandonamos nuestro trono divino y volvimos a la realidad de los mortales. Las hormigas y los niños iban de nuevo al psiquiatra, el paro como siempre estaba por las nubes, hambre en medio mundo, guerras, violencia, desastres ecológicos… lo de siempre.

Aunque nos queremos mucho y somos felices, el mundo no es de color rosa. Algo falla y mucho falta en este mundo para ser feliz del todo. Tendríamos que aprender de aquellos gatos que no temían, y sacaban sus garras provocando una Revolución contra la opresión.

Diego Latorre, Enero 2011