Madre coraje

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Diego Latorre, 2017. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

  Querido Doctor,

  Mi madre, le sacó los dientes a la vida, le tocó ejercer la ardua tarea de ser madre coraje, no tuvo elección. Como bien sabe, en mi juventud, viví episodios donde yo no era participe de la realidad o lo que entendemos por realidad, era como si existiera en otra dimensión, quizás fuera así, al menos algo así viví. La euforia la sentía como una bendición, percibí ser parte de todo y lo fui todo, mi ser desbordaba felicidad plena, luz…, gozaba en cada momento, sentí ser un semidiós. La otra cara de la moneda era volver a la realidad, abandonar el trono de lo sublime y divino y caer en la desolación, en la más profunda oscuridad. La depresión es la enfermedad más cruel porque niega la esperanza de vivir. Aun así, estoy seguro que mi madre sufrió más que yo.

  Sus ojos han visto muchas injusticias. En su juventud se dejó la espalda, sin apenas nada a cambio, en campos de olivares y de algodón de los señoritos andaluces, una verdadera esclavitud, vivió la posguerra, con todo lo que conlleva. Luego, algo mayor, se dejó la piel haciendo camas en los hoteles de Salou, para ayudar, junto con mi padre, para que no faltara comida, ropa, educación para sus hijos… y nunca faltó. Pero la gran prueba a superar fue mi enfermedad, aunque al cabo de los años, la muerte de mi padre le devolvió el inevitable dolor.

  Perdida y a ciegas, en un camino doloroso, inhóspito y desconocido, luchó a solas con su fe, por ayudarme a ser lo que era, le rezó millones de veces a su dios. Tubo que aprender palabras nuevas para ella como, Litio, Olanzapina, Lamotriguina, Haroperidol, crisis depresiva y eufórica y todo lo que conlleva. Se entregó a grandes retos, tubo que enfrentarse a un hijo desconocido, incontrolable y enfermo. Pero nunca dejó de luchar, siempre estuvo a mi lado, entré hospitales y consultas de psiquiatras o viendo el tele tienda hasta las tantas, cuando pasaba el día y la noche sin dormir. Pasamos más de doce años hasta lograr mi equilibrio, toda una locura. En esos años, como debe imaginar, se dejó la salud con las preocupaciones, mientras yo habitaba en otros planetas, a ella le abandonaba la tranquilidad y la felicidad. Y no sólo ayudó a salvarme de aquellas tormentas, me salvó unas cuantas veces la vida por unos cuantos problemas de salud, por lo visto nací con defecto de fábrica, pero ella siempre a estado a mi lado para solucionarlo.

  No he conocido una persona más fuerte que mi madre, ella bien sabe que le estoy muy agradecido, no hacía falta el dibujo ni estas palabras. Sin ella no hubiera salido de aquel abismo, fue mas efectiva que cualquier fármaco, que cualquier doctor. No deseo tener nunca más aquellas crisis, a pesar que la euforia que vivía era el poder absoluto, infinitamente más poderoso que el dinero, donde va a parar. Y no lo deseo, más que nada, porque no quisiera ver nunca jamás una lágrima en la mejilla del ser que me dio la vida.

  No sólo me dio la vida varias veces, de ella heredé la creatividad, sólo por eso se lo debo todo.

PD: No se preocupe doctor, sabe que soy un buen paciente. Saludos

Diego Latorre. Enero 2017.

 

Adán sin miedo

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Diego Latorre, 2017. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

Lejos del tiempo

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Diego Latorre, 2016. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

Querido Doctor,

Algunos dicen que el tiempo es una mentira que inventaron los viejos, que en el fondo, de nada sirven las agujas, ni los segundos ni las horas. Feliz 1889 o feliz 2017,  el número es de  lo de menos, lo importante es que tengamos paz, amor y salud, eso para muchos, por desgracia, está a años luz. Feliz año.

Diego Latorre, 2016. Diciembre

En caso de guerra

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Diego Latorre, 2016. Pierre Noire y pasteles sobre papel.50×50.

Querido Doctor,

  Ojalá fuera tan fácil…pintar un cuadro y cambiar el mundo, sustituir la metralla por peces de colores y un beso por un bombardeo, como si de un dibujo tratara la realidad. No resulta fácil buscar la belleza en los tiempos que corren, nada fácil, creé lo que quisieron ver mis ojos. Ya me gustaría borrar de verdad el odio en el planeta pero no resulta fácil.

Diego Latorre, Diciembre 2016

Juegos de amor

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Diego Latorre, 2016. Pierre Noire y Pierre Noire sobre papel. 50×50.

  Querido Doctor,
  Duermen todos y cada uno de los habitantes de Almoster, incluso los gatos y los pájaros, excepto yo. Lucho frente a una lámina de papel en blanco, lápices y pasteles son mis únicas armas, no quiero otras, no más acero, ni pólvora, ni metralla…, toda esa bazofia sobra.
  Me lanzo al vacío y surgen las primeras manchas y las primeras líneas, la música y el color me transportan a mi interior, allá donde está el universo. Me refugio entre mi piel y mi esqueleto, me busco y me encuentro.
  Ya tengo cogida por los cuernos a la nueva obra, ahora tan solo basta con trabajar, buscar la luz y tener paciencia. Ésta siempre ha sido una de mis virtudes, bien lo sabe usted, me sirvió para soportar y superar todas las tormentas.
  Mientras creo en la noche, las fábricas siguen lanzando al cielo su correspondiente y maldito chorrito de humo y los políticos corruptos sueñan con el poder, el dinero, la mentira… Piensan, en su mundo onírico, de que manera puedan engañarnos y jodernos, con perdón, para su beneficio. Mientras mi Pierre Noire se desliza sobre el papel buscando soluciones para el dibujo, la guerra y la insolidaridad no cesan, sigue rojo el azul del mediterráneo. Y el pueblo africano sigue muriendo miserablemente de sed y de hambre en el olvido, como si no pasara nada.
  Termino la obra, la firmo, la rocío con dos capas de fijador, apago la luz del taller y cierro la puerta. Salgo a la terraza, miro a las estrellas del universo y le doy gracias a la vida por permitirme amar, crear, soñar, sentir… Bajo las escaleras, entro a la habitación, beso a la musa y me medico. Y como cada noche, apago mi ordenador más personal, bajo el telón y automáticamente dejo de soñar. Mi cuerpo duerme y descansa,  da la sensación que estoy en otra realidad.
Sé que muchas de mis cartas piden siempre lo mismo a la vida, me puedo hacer repetitivo pero esta noche no se me ocurre otra cosa. Pido al mundo, desde mi humilde blog, las tres palabras claves, conocidas por todos, para que todo humano cambie a mejor y goce de la armonía de un mundo justo y sin diferencias, Paz, Amor y Respeto, con todos y con uno mismo. Al menos tendría que haber un equilibrio, parece que solo gobierna el mal en la humanidad, dan ganas de vomitar. Doctor, al mundo entero le falta litio.
P.D: A pesar de todo la obra me ofreció color y un juego de amor. Todo bien Doctor, saludos.
Diego Latorre, Noviembre 2016.

El resurgir de una nueva civilización

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Diego Latorre, 2016. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

Querido Doctor,

  Con las últimas luces del atardecer, las fábricas y los pueblos cercanos, comienzan con timidez a iluminarse. El viento no está para amigos, presagia una gran tormenta, el cielo, encabronado y oscuro, afina los instrumentos para el gran concierto, la orquesta está preparada. Las televisiones siguen encendidas en todas y cada una de las casas, incluso en la mía. No retransmiten palabras de cambio, no transmiten nada, tan sólo tratan de enturbiar las mentes de las gentes. Aunque, a la chita callando, una nueva civilización se está fraguando, estoy seguro. Los mismos que sueñan con la esperanza por un mundo nuevo, donde impere el amor y el respeto, que menos. Son los mismos que están hartos de las guerras, del odio, de la contaminación, de las dictaduras, de la desigualdad…, no acabaría nunca, son demasiadas injusticias Doctor.

  Se ha hecho la noche, comienza a chispear y san Pedro ha empezado a mover bruscamente los muebles de toda la casa. Algunos rayos parten contra los campos cercanos de avellaneros, provocando pequeños incendios. Ahora la lluvia es muy intensa, sólo se escucha en mi taller el sonido de las gotas que golpean, salvajemente, contra las tejas y el revoloteo de aves nocturnas que buscan cobijo bajo las cornisas. El poder del agua crece, los desagües de las casas forman en las calles ríos, mares…, parece que la naturaleza también pide un cambio, nunca la he visto así de enloquecida. Estoy seguro doctor, después de cualquier tormenta, incluso la que sufre la humanidad, surge la calma, el hombre moderno despertará.

  Termino la obra, me lavo las manos, cierro la luz y la puerta del taller, bajo las escaleras. Mimo a mis gatos un buen rato, entro a la habitación, con sigilo, me acerco a la musa, la beso y me voy al otro lado del colchón. Cierro los ojos y quedo a solas con mi consciencia antes de desconectarme temporalmente de mi ordenador más personal. Me juzgo, me acepto y doy gracias a la vida por permitirme seguir soñando, desconecto. Bona nit.

P.D: Los niveles están bien, ya sabe que soy buen paciente. Un abrazo.

Diego Latorre, octubre 2016

Con los pies en el cielo

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Diego Latorre, 2016. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

  Querido Doctor,

  Con Emi a mi lado, puedo alcanzar la Tierra con los pies en el cielo, sería capaz de cambiar el mundo con el sonido que produce el chasquido de mis dedos. De un soplido, arrebataría la ignorancia ante la vida del ser humano, la incertidumbre, las dudas a las que se ve sometido cualquier ciudadano. Si la musa me besa y a la vez muevo mi entrecejo, sería suficiente para descifrar cualquier enigma, encontrar la salida de todos los laberintos… Si ella me abraza y yo a la vez cierro una pestaña, podría incluso ponerle fin a la muerte de todo ser vivo, desaparecería el miedo absurdo por el fin de sus días, se convertirían en seres libres, respetuosos, pacíficos… Créame, cerca de ella todo me resulta muy fácil.

P.D: Doctor, todo va bien, amo al ser humano y a la vida en el Tierra. Saludos.

Diego Latorre Septiembre 2016.

La Tierra siempre perdona

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Diego Latorre, 2016. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

  Querido Doctor,

  En nombre de toda la humanidad, pido disculpas a la diosa madre, al fértil planeta Tierra que hace posible todas las vidas, todos los sueños… Le ruego, de rodillas, el perdón por toda la crueldad, por todos los desperfectos, por las heridas que le ha causado el hombre moderno… Aún así, ella nos perdona, me dice que no va a dejar nunca de hacerlo. Su desmesurada generosidad calma nuestra hambre, nuestra sed, respiramos gracias a ella…todos y cada uno de los días de nuestras vidas. Ella es imprescindible, lo más importante, es el verdadero paraíso de nuestras almas, nuestro refugio, el escenario de nuestra función…Le ofrezco flores y le pido paciencia, le digo que pronto todo cambiará, que algún día cercano el ser humano despertará, le respetará y le amará como ella siempre lo hace con nosotros.

  Doctor, nosotros también somos la Tierra, estamos compuestos de lo mismo, deberíamos percibirlo todos, aunque sólo fuera por un instante. Necesitamos nuestro perdón y lo más sensato es perdonarnos. Lo más correcto sería aceptar nuestros errores, lo justo sería aceptarnos, a partir de ahí podremos empezar a pensar en el cambio, en la manera de vivir acorde con la Tierra y con nosotros mismos.

PD: Doctor, echo de menos sus consultas, le echo de menos. Espero vernos, ya conoce mi casa-taller. Saludos a su esposa y suerte en la vida.

Diego Latorre, Septiembre 2016