El hombre-caracola

El hombre caracola. Performance: https://elsonidodelascaracolas.wordpress.com/un-nuevo-ser/

Primer día de mutación.

Me estoy convirtiendo en uno de los personajes de la serie, “El sonido de las caracolas”, era de esperar.

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Segundo día de mutación.

Continúa la transformación, ya he dejado de ver y de hablar, ahora sólo escucho el sonido del mar. Poco a poco me estoy definiendo, pronto seré un hombre-caracola.

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Tercer día de mutación.

He pasado una mala noche, aunque es lo normal en esos momentos del cambio, donde la concha de la caracola, sustituye por completo al cráneo. Duele un poco ese proceso pero no os preocupéis, ya me encuentro mejor. Soy feliz sólo con el sonido del mar, pero aún no estoy preparado para hacer vida social.

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Cuarto y último día de mutación.

El proyecto ha sido un éxito rotundo, sigo teniendo el mismo carácter, la misma consciencia y el alma no ha cambiado. Todas las pruebas médicas han resultado satisfactorias. El rumor del mar reina en mi morada y la realidad para mí, ya no es lo que era. ¡¡¡El amor lo invade todo!!!. Perdí la identidad, toda la documentación…, ahora soy un nuevo ser, inclasificable, incontrolable y ¡¡¡libre!!!. Tengo ganas de ver de nuevo el mundo, con la mirada de un hombre-caracola.

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Postales V

Postales V

Diego Latorre, 2017. Collage y lápices acuarelables sobre papel. 11X15.

Madre coraje

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Diego Latorre, 2017. Pierre Noire y pasteles sobre papel. 50×50.

  Querido Doctor,

  Mi madre, le sacó los dientes a la vida, le tocó ejercer la ardua tarea de ser madre coraje, no tuvo elección. Como bien sabe, en mi juventud, viví episodios donde yo no era participe de la realidad o lo que entendemos por realidad, era como si existiera en otra dimensión, quizás fuera así, al menos algo así viví. La euforia la sentía como una bendición, percibí ser parte de todo y lo fui todo, mi ser desbordaba felicidad plena, luz…, gozaba en cada momento, sentí ser un semidiós. La otra cara de la moneda era volver a la realidad, abandonar el trono de lo sublime y divino y caer en la desolación, en la más profunda oscuridad. La depresión es la enfermedad más cruel porque niega la esperanza de vivir. Aun así, estoy seguro que mi madre sufrió más que yo.

  Sus ojos han visto muchas injusticias. En su juventud se dejó la espalda, sin apenas nada a cambio, en campos de olivares y de algodón de los señoritos andaluces, una verdadera esclavitud, vivió la posguerra, con todo lo que conlleva. Luego, algo mayor, se dejó la piel haciendo camas en los hoteles de Salou, para ayudar, junto con mi padre, para que no faltara comida, ropa, educación para sus hijos… y nunca faltó. Pero la gran prueba a superar fue mi enfermedad, aunque al cabo de los años, la muerte de mi padre le devolvió el inevitable dolor.

  Perdida y a ciegas, en un camino doloroso, inhóspito y desconocido, luchó a solas con su fe, por ayudarme a ser lo que era, le rezó millones de veces a su dios. Tubo que aprender palabras nuevas para ella como, Litio, Olanzapina, Lamotriguina, Haroperidol, crisis depresiva y eufórica y todo lo que conlleva. Se entregó a grandes retos, tubo que enfrentarse a un hijo desconocido, incontrolable y enfermo. Pero nunca dejó de luchar, siempre estuvo a mi lado, entré hospitales y consultas de psiquiatras o viendo el tele tienda hasta las tantas, cuando pasaba el día y la noche sin dormir. Pasamos más de doce años hasta lograr mi equilibrio, toda una locura. En esos años, como debe imaginar, se dejó la salud con las preocupaciones, mientras yo habitaba en otros planetas, a ella le abandonaba la tranquilidad y la felicidad. Y no sólo ayudó a salvarme de aquellas tormentas, me salvó unas cuantas veces la vida por unos cuantos problemas de salud, por lo visto nací con defecto de fábrica, pero ella siempre a estado a mi lado para solucionarlo.

  No he conocido una persona más fuerte que mi madre, ella bien sabe que le estoy muy agradecido, no hacía falta el dibujo ni estas palabras. Sin ella no hubiera salido de aquel abismo, fue mas efectiva que cualquier fármaco, que cualquier doctor. No deseo tener nunca más aquellas crisis, a pesar que la euforia que vivía era el poder absoluto, infinitamente más poderoso que el dinero, donde va a parar. Y no lo deseo, más que nada, porque no quisiera ver nunca jamás una lágrima en la mejilla del ser que me dio la vida.

  No sólo me dio la vida varias veces, de ella heredé la creatividad, sólo por eso se lo debo todo.

PD: No se preocupe doctor, sabe que soy un buen paciente. Saludos

Diego Latorre. Enero 2017.