Malherida

  

  

  

Diego Latorre, 2012. Troco de olivo, ramas de laurel, yeso, cartón y caobina. Largo: 30, alto: 17, Ancho máximo: 20.

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Timidez

Diego Latorre, 1994. Látex y pigmentos sobre madera. 138×54. Colección Emi Blasco.

  Querido Doctor, mi timidez, aparte de algunos inconvenientes, es una de mis virtudes, es una herramienta, yo diría fundamental, en el reino de todas las artes. Todo lo que no puedo decir por la boca lo digo con las manos, pintando, creando. Siempre tengo retenidas  las palabras que tenía que haber dicho y nunca dije y nunca digo. Me conformo con derramar color, aunque a veces daría mi vida entera por decirle con palabras, al oído de aquella chica, ¡te necesito! o por gritar fuertemente a las orejas de los que no quieren escuchar, ¡Respeto!, que dejen las guerras, que bajen el pan, que nos dejen a los pobres vivir en paz.

  Cojo una madera vieja y abandonada, supongo, que habitaba junto a los cubos de basura del portal donde vivo. Son tiempos difíciles para los plásticos de mi cartera y a veces recurro al reciclaje. Aunque yo personalmente soy el hombre mas feliz tenga o no tenga parné, eso si, que no me falte al menos, un trozo de carboncillo de una hoguera, un pedazo de papel y algo de pan. Aunque por suerte nunca me he visto en esa situación.

  Entro en mi piso-taller, libero a la madera del polvo de la calle, preparo los colores y me lanzo de cabeza al vació de una nueva obra, un nuevo espejo donde cualquiera puede mirarse.

  El personaje de la obra está en un mundo oscuro dentro de su mente y de sus entrañas nace un universo donde habitan las estrellas que lucen con timidez, tras su mascara

P.D: Doctor, ya tengo los análisis, nos vemos pronto. Saludos.

Diego Latorre,   Octubre 1994.

Días Fértiles

Diego Latorre, 2011. Pasteles y Pierre Noire sobre papel. 50×50. Vendido.

 Querido Doctor, no es otra cosa que mi vida lo que trato continuamente de analizar, con nuevos mundos que habitan entre mi persona y mi bastidor. Y no en mi alma, que por mucho que trato de buscarla nunca la hayo por ningún callejón, por ningún portal, por ninguna escalera… Aunque tampoco creo en  mente y cuerpo por separado, estoy seguro que son la misma cosa, la misma materia.

  Todas las personas, a pesar de nuestras diferencias, ser de Francia o de Grecia, de izquierdas o de derechas, de seguir al Papa o a un Buda persa, vivimos en el mismo planeta. Todos estamos hechos de la primera célula, todos bebemos agua, comemos carne, pescado, hierba…, no hay entre nosotros ninguna diferencia. Tan solo nos distancia el odio que crea todas nuestras guerras.

  Mientras tanto sueño y vuelvo a coger mis pasteles, con el único propósito que pensar solamente en ella. Juntos, unidos en el papel, en una obra, en una sola piel. Y mis manos manchadas son la prueba de mi trabajo que me hace recoger de mi obra, las semillas que luego brotan en mi vida personal.

  Firmo la lámina, la rocío con fijador y me reúno con ella, lejos, mas allá de la estratosfera, justo al lado izquierdo de la última estrella.

P.D: Doctor, solamente creo en el amor, mi filosofía, mi política, mi religión…Saludos.

Diego Latorre,  Mayo  2011.

La Dama Enamorada

Diego Latorre, 2007. Blanco de España, látex, pigmentos y collage sobre madera. 65×40. Colección Emi Blasco.

Estudié formación profesional por equivocación, alternándolo con mi trabajo como joven lampista. Aprendí lo justo para ser autosuficiente. Luego desde 1992 al 1997  estudié en la EADT, compaginándolo otra vez entre tubos, silicona y destornilladores. Estuve, dos años por oficial y el resto por libre, no me hacían falta las notas ni los reconocimientos. Por desgracia, y por dejadez he leído poco, aunque eso si, buenos libros. Tampoco de niño no lo vi en mis padres, de origen humilde y trabajador. La única universidad que conocieron era la de luchar y sacar los dientes , para llevar hacia adelante a sus hijos, a salvo, al mejor cobijo.

He de reconocer que incluso no se escribir correctamente, la musa y el corrector de Word se encargan de mis tachones y de un “miyon” de faltas en mis cartas que sólo las entiendo yo. Pero le pongo ganas para contaros las historias de Amor y Odio, Paz y Guerra de un personaje que habita en la jaula de mi cabezota. Que sueña y lucha por salvar su mundo pintando o con piedras. Cuenta lo que ve a su alrededor y lo que siente por dentro. No puede solucionar todos sus problemas solo. El personaje necesita ayuda de la Musa y de su amigo peludo, de todos sus amigos, de su familia… A ellos les doy las gracias y un millón de besos, por ayudar a poner en marcha cada día y cada noche la fábrica de sus Sueños.

Destapo la jaula de la imaginación y pinto durante toda la noche, acabo con las manos manchadas de blanco de España y pigmento verde. Me sitúo delante de La Dama Enamorada gatuna que me observa, me admira y me ama. Como yo a ella.

Espero que  acabe de sonar una triste canción de Sabina que me hace reflexionar y analizar el dia.  Se acaba, apago el equipo, me lavo las manos, y me voy a dormir que son las cuatro y cuarto de la mañana.

Bona Nit ¡¡¡

Diego Latorre     Febrero  2007

La Gata Herida

 

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Diego Latorre, 2005. Blanco de España, látex y pigmentos sobre tela. 100×100. Colección Emi Blasco

 

   Eres fuego entre la niebla, la pequeña gotita de rocío de tus ojos que casi siempre son buenas noticias de Amor. Tus manos son flores de Agosto que llueve sonriente, amable y cordial. Me siento bien contigo y sueño lejos de la ciudad, de la soledad y del vino agrio del olvido.

   Dame un abrazo y un beso, no derrames tus lágrimas de gata enamorada, deja al mundo y vente al mío. Aquí queda sitio para todos, no le des mas vueltas hazme caso y líbrate de las guerras y las tristezas. Únete al país de las sardinas de caramelo, al pueblo de cuando era niño, lleno de gatos y gatas heridas que lloran en cualquier esquina, en cualquier rincón de sus moradas,  sus cubos de basura, sus casas, de sus montañas y sus ríos, como lo hacía yo cuando apretaba el frío, como hoy lo haces  tu. Por favor no me llores corazón  loco, corazón triste, corazón mío.

Diego Latorre    Agosto  2005

Sueño entre Nubes

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Diego Latorre, 2008. Pasteles y Pierre Noire sobre papel, 35×35.

 

Sueño con un mundo alojado en el vacío, que se sustenta con las raíces que brotan de las aguas y las tierras de caobina y pigmentos, de colores guarros, desgastados y  faltos de poesía. Que inundan a través de las ventanas de mi mundo, las casas, los hombres y las ratas de alcantarilla. Y en la calle tiemblan los pintores de colores y las musas gritan de espanto al mirar las facturas de las hipotecas, los créditos y demás olores putrefactos. En mi mundo transitan los insectos, parásitos de los cuellos hermosos, tiernos y jugosos, radiantes por llenar sus grandes barrigotas de guerras que asolan las últimas flores de las aceras. Y en el horizonte, un cielo gris arrasa con todo.

Contigo, en los campos brotan las almas de los grandes artistas, llenas de energía radiante y no  muy lejos de aquí se intuye una  agradable sensación de optimismo y alegría porque contigo los pintores de colores vomitan a rienda suelta por la calle  a las casas  y a las ciudades  sus gamas y destrezas para poder convertir mi sueño en mi realidad. Y yo en otra nube, en lo mas lo más alto del cielo de la noche  admiro tu  paisaje, tu sonrisa y tu presencia.

Diego Latorre,  2009.      A mi Emi.

El Sueño de Emi

 

Diego Latorre, 2004. Óleo sobre tela, 65×100. Colección Emi Blasco

 

   A cerca de mi estado de hipnosis te he de comentar que no puedo controlar ninguno de mis sentidos y mi cerebro ha perdido las riendas de un corazón loco de remate que está a punto de explotar dentro de mí. Se acentúa mi despiste y mi generosidad. Se incrementa la cantidad de sonrisas en mi boca, dejándome un aspecto ridículo y bochornoso. Aumenta mi amabilidad con la gente, con todo los tipos de gente, incluso también me pasa con los animales y las plantas. El tabaco es una prolongación de mis labios, me como las uñas y en mi cabeza siempre tengo una canción de amor que llevo por todas partes pegadiza y cansina. Bailo y me desmadro sólo en casa aunque la musa no esté  a mi lado. Siento que estoy en el epicentro del universo. No creas que he tenido un ataque de euforia, lo que pasa es que me he vuelto a enamorar, aunque más o menos sea la misma historia.

 Pinto porque es mi religión, mi lucha, mi valor, aunque ahora solo me apetece escribir a la luz de esta vela, cuando todos duermen, soñando con la despedida de soltera de mí querida soledad. Vivo en el cielo con la musa sin piel y recuerdo su música sus besos, su perfume alrededor de mi universo. Mañana empezare a pintar su mundo, su sueño. La quiero enamorar, la voy a enamorar¡¡¡

Diego Latorre    Noviembre  2004